Cuento en mi mente las letras de la palabra "escondido". Me miras y hoy parece que el concepto es "quedarse callado". Ambos no hablamos nada, ni siquera alguna de las estupideces que nos encanta conversar.
Hoy quisiera hablarte sobre tubos de escape, sobre la sopa helada, sobre qué ves tú en el lunar que tengo en mi muñeca, sobre las canciones que podría hacer golpeando botellas de plástico, sobre cómo me gusta apretujar las flores en las tiendas de flores, sóbre lo linda que es tu nariz, sobre las veces que me dejo de comer las uñas, sobre la guitarra que algún día romperé en un escenario, sobre lo suave que es pasar mis dedos por tu cuello.
Me gustaría conversarte sobre lo feas que son las enaguas, sobre la versión que yo tengo del 21 de mayo, sobre una clave que me acuerdo del Donkey Kong II, sobre unos teléfonos de vasos que quería poner desde mi casa a la tuya, sobre una chimenea que estaba pensando construir en medio del parque.
Pienso mucho. Pienso en todo lo que podríamos conversar, pero hoy tú dibujas. Y no dibujas tan mal como dices. Me gusta cuando dibujas. Sé te sale lo artista oye. jajaja y sé como odias esa palabra. Yo que menciono que quiero estudiar arte y tú que te pones tan grave.
Me acuesto a tu lado, pero te doy la espalda.
-tengo sueñito- advierto.
Dejas las cosas en el suelo y te acuestas a mi lado. Me abrazas con ternura. Siento tu boca depositada en mi cuello. Así como arrojada al vacío.
Pienso en que te podría contar sobre las constelaciones que he descubierto en el cielo, sobre las dos veces que he llorado con el Rey León II, sobre las últimas poesías de mi mami, sobre el contrabajo que vi en una tienda y que quise robar.
Tu mano busca la mía y la encuentra. Entrelazamos dedos. Tu pulgar se desliza sobre mi piel y traza un camino de ida y vuelta. Tus labios se mueven cerca de mi oreja. Creo que ya no estoy pensando precisamente en contarte cosas. Creo que de sólo pensarlo me hace sentir un calor.
Cuento en mi mente las letras de nuestros nombres. 5 el tuyo, 7 el mío. Ambos son números primos.
Me duermo. Por fin me duermo junto a ti. Hoy me haces sentir tan bien y se me han pasado todos los miedos. No te tengo más miedo. Sólo sé que me quieres y punto. No hay más de qué preocuparse. Tomas aire. Creo que vas a decir algo.
-estaba pensando que tu nombre tiene siete letras y el mío cinco-
-¿en serio?-
-sí, y los dos son primos-
-bacán, somos primos-
-jajaja, no-
Me encanta cuando suceden esas cosas. Uno de los dos piensa en algo y el otro despues también lo piensa, o a veces al mismo tiempo. Sucede siempre. Es tan mágico. ¿En qué ira?
-TILLO-
Sábado, 08 de agosto de 2009 (03:54:45)
jueves, 1 de septiembre de 2011
Capítulo XIII: No lo puedo creer.
(...Continuación del Capítulo XII)
No sé qué hacer.
El beso se acaba. Tus labios se alejan. Me miras a los ojos. Me tomas las manos. Me besas los dedos. Me miras a los ojos. Me estoy poniendo más y más nerviosa. ¿Tengo que decir algo?
Por mí que nos besáramos otra vez y no dijéramos nada.
Me mirás a los ojos. Pestañeas y es un alivio para mí. No aguanto más. Te doy un beso suave y breve, con ojos abiertos. Abro tu puerta y salgo apurada.
Me dan ganas de llorar, pero me aguanto...no por mucho. Ultimos escalones de la escalera y se me escapan unas lágrimas. Nunca he sido buena conteniendo llantos. Tu hermana me ve. Me da vergüenza y salgo corriendo.
Afuera está frío. Es un día azulado con cielo naranjo. Veo tu ventana. Estás ahí mirándome. Sería una foto perfecta si no hubiese dejado mi cámara en tu pieza. No regresaré por ella.
Me voy. Camino apurada. Hace mucho frío. Llevo manos heladas, nariz helada.
Al doblar la esquina miro una ventana. Hay dos niños asomados. Tienen unos gorros de lana bien bonitos. El niño sujeta un cartel que dice "Chistes a sien pesos". Lo miro y no lo puedo creer. Me detengo. La niña de su lado, al parecer su hermana, me mira fijo.
-¡hola! ¿te contamos un chiste por tan sólo cien pesitos?-
-¡ya! porfa, lo necesito-
-¿quién de los dos te lo cuenta?-
-mmmm él- apunto al niño del cartel-
-¿yo? ¡yaaaaaa!-
El niño piensa un rato. Mira a la hermana y luego a mí.
-un niñito le dice a su mamá: "-mamá, mamá. ¿por qué en el colegio me dicen hocicón?- y la mamá le responde: "ya, cállate y trae la pala para darte el jarabe".
Me mato de la risa ahí mismo. Los niños ríen conmigo. Tienen una cara de diablos que no se la pueden.
Les paso $500. Me buscan el vuelto, yo les digo que se lo queden. Les digo que me tengo que ir corriendo. El niño me mira.
-¿estabas llorando?-
-sí, pero ya pasó-
-ahhh, que bueno-
-chao lindos me tengo que ir-
-¡chao!- me dicen ambos en coro.
Me voy. No puedo creer lo que acabo de ver. Me río sola aún. Por lo menos, ya no siento ese terrible dolor de estómago.
Que lindos los niños. "Ya, cállate y trae la pala para darte el jarabe". No lo puedo creer.
No sé qué hacer.
El beso se acaba. Tus labios se alejan. Me miras a los ojos. Me tomas las manos. Me besas los dedos. Me miras a los ojos. Me estoy poniendo más y más nerviosa. ¿Tengo que decir algo?
Por mí que nos besáramos otra vez y no dijéramos nada.
Me mirás a los ojos. Pestañeas y es un alivio para mí. No aguanto más. Te doy un beso suave y breve, con ojos abiertos. Abro tu puerta y salgo apurada.
Me dan ganas de llorar, pero me aguanto...no por mucho. Ultimos escalones de la escalera y se me escapan unas lágrimas. Nunca he sido buena conteniendo llantos. Tu hermana me ve. Me da vergüenza y salgo corriendo.
Afuera está frío. Es un día azulado con cielo naranjo. Veo tu ventana. Estás ahí mirándome. Sería una foto perfecta si no hubiese dejado mi cámara en tu pieza. No regresaré por ella.
Me voy. Camino apurada. Hace mucho frío. Llevo manos heladas, nariz helada.
Al doblar la esquina miro una ventana. Hay dos niños asomados. Tienen unos gorros de lana bien bonitos. El niño sujeta un cartel que dice "Chistes a sien pesos". Lo miro y no lo puedo creer. Me detengo. La niña de su lado, al parecer su hermana, me mira fijo.
-¡hola! ¿te contamos un chiste por tan sólo cien pesitos?-
-¡ya! porfa, lo necesito-
-¿quién de los dos te lo cuenta?-
-mmmm él- apunto al niño del cartel-
-¿yo? ¡yaaaaaa!-
El niño piensa un rato. Mira a la hermana y luego a mí.
-un niñito le dice a su mamá: "-mamá, mamá. ¿por qué en el colegio me dicen hocicón?- y la mamá le responde: "ya, cállate y trae la pala para darte el jarabe".
Me mato de la risa ahí mismo. Los niños ríen conmigo. Tienen una cara de diablos que no se la pueden.
Les paso $500. Me buscan el vuelto, yo les digo que se lo queden. Les digo que me tengo que ir corriendo. El niño me mira.
-¿estabas llorando?-
-sí, pero ya pasó-
-ahhh, que bueno-
-chao lindos me tengo que ir-
-¡chao!- me dicen ambos en coro.
Me voy. No puedo creer lo que acabo de ver. Me río sola aún. Por lo menos, ya no siento ese terrible dolor de estómago.
Que lindos los niños. "Ya, cállate y trae la pala para darte el jarabe". No lo puedo creer.
Capítulo XII: Un trance meloso.
Estornudo. Otra vez.
Otra vez. Amanecí hoy con un resfriado idiota.
Estoy armando algo con tus legos. Intento hacer una paloma, pero como que se parece más a una pistola.
Te miro así rápido. Estás viendo las fotos de ventanas que tomé ayer. Las miras con esa cara de admiración y análisis que pones al ver mis cosas. Siento que piensas todo el tiempo en mi "tú me gustai", pero haces muy bien tu papel de leso.
Te muestro mi paloma de legos.
-¿una pistola?-
-noo-
La desarmo.
-¿qué era entonces?-
-una paloma-
-me cargan las palomas-
-no, si no era para ti-
-yo te voy a enseñar cómo se hace una paloma-
Hoy todo lo que dices me parece tan desagradable. Hoy como nunca me pareces un desagradable.
Aguanto un estornudo. Me siento ridícula. Además, se me caen los mocos todo el tiempo. Me arde la nariz.
-me voy a ir oye-
-¿tan temprano?-
-sí, no me siento nada bien-
-pucha-
Tomo mi mochila. Me levanto. Te levantas, te acercas, me abrazas fuerte.
Hay un silencio largo y yo no sé que pensar. Estoy en shock. Me has dado miles de abrazos así, pero el de hoy no es igual a ninguno. Por lo menos para mí. Me acomodo a tus brazos.
Retumba en la cabeza mi "tú me gustai" como si me dieran de martillazos. Me estás apretando como si no me quisieras dejar ir. Cierro los ojos. No sé que pensar. Tu mano izquierda está en mi pelo ahora y lo acaricias suavemente, como cuando me haces dormir. Yo me dejo llevar. Entro en un trance meloso, donde en cualquier momento te doy un beso. Es más, creo que ya no aguanto más. Te quiero dar un beso.
Pienso en la palabra "beso" y tú me sueltas, me quedas mirando. Me tomas las manos.
Te miro con cara de "por favor, hazlo". Te demoras en entender o en decidir. El beso llega y yo cierro los ojos de inmediato. El trance me absorbe, me transporta, no estoy acá, no estoy allá, es otro lugar donde al cerrar los ojos no tengo imágenes ni colores. Sólo siento el olor del shampoo de tu hermana en tu cabeza y el sabor de esas pastillas que sueles comer.
No sé qué pensar. No sé qué pensar.
(Continuará...)
Otra vez. Amanecí hoy con un resfriado idiota.
Estoy armando algo con tus legos. Intento hacer una paloma, pero como que se parece más a una pistola.
Te miro así rápido. Estás viendo las fotos de ventanas que tomé ayer. Las miras con esa cara de admiración y análisis que pones al ver mis cosas. Siento que piensas todo el tiempo en mi "tú me gustai", pero haces muy bien tu papel de leso.
Te muestro mi paloma de legos.
-¿una pistola?-
-noo-
La desarmo.
-¿qué era entonces?-
-una paloma-
-me cargan las palomas-
-no, si no era para ti-
-yo te voy a enseñar cómo se hace una paloma-
Hoy todo lo que dices me parece tan desagradable. Hoy como nunca me pareces un desagradable.
Aguanto un estornudo. Me siento ridícula. Además, se me caen los mocos todo el tiempo. Me arde la nariz.
-me voy a ir oye-
-¿tan temprano?-
-sí, no me siento nada bien-
-pucha-
Tomo mi mochila. Me levanto. Te levantas, te acercas, me abrazas fuerte.
Hay un silencio largo y yo no sé que pensar. Estoy en shock. Me has dado miles de abrazos así, pero el de hoy no es igual a ninguno. Por lo menos para mí. Me acomodo a tus brazos.
Retumba en la cabeza mi "tú me gustai" como si me dieran de martillazos. Me estás apretando como si no me quisieras dejar ir. Cierro los ojos. No sé que pensar. Tu mano izquierda está en mi pelo ahora y lo acaricias suavemente, como cuando me haces dormir. Yo me dejo llevar. Entro en un trance meloso, donde en cualquier momento te doy un beso. Es más, creo que ya no aguanto más. Te quiero dar un beso.
Pienso en la palabra "beso" y tú me sueltas, me quedas mirando. Me tomas las manos.
Te miro con cara de "por favor, hazlo". Te demoras en entender o en decidir. El beso llega y yo cierro los ojos de inmediato. El trance me absorbe, me transporta, no estoy acá, no estoy allá, es otro lugar donde al cerrar los ojos no tengo imágenes ni colores. Sólo siento el olor del shampoo de tu hermana en tu cabeza y el sabor de esas pastillas que sueles comer.
No sé qué pensar. No sé qué pensar.
(Continuará...)
Capítulo XI: Jueguitos de la verdad.
(...Continuación del capítulo X)
Ya no los veo. Deben estar entrando al antejardín. Qué hago, qué hago, qué hago. ¡ya sé! Me pongo las zapatillas sin abrocharlas. Tomo las llaves de mi casa. Siento que cierran la reja. Bajo la escala corriendo, salto los últimos escalones. Escucho que entran conversando. Mi mamá dice:
-no sé donde estará esta niñita, el otro día salió sin avisar, despues llegó con un montón de fotos de bigotes-
Voy a la pieza de mis padres, abro la ventana. Salgo hacia un pasillo exterior. Cierro la ventana. Me salta el corazón, caleta, te lo juro.
Corro por el pasillo, abro la puerta, salgo al antejardín. Cierro la puerta suavemente. Me asomo por la ventana, veo sus siluetas subiendo por la escala hacia mi pieza. Voy a la reja, abro en silencio, nunca antes había sido tan delicada, siempre salgo y portazo.
Estoy en la calle, soy libre, nadie más se ve en mi cuadra, nadie que me pueda acusar. Soy libre por fin. Corro sin rumbo pero corro. Escapo de no sé bien qué, pero escapo. Tengo que huir, no soy capaz hoy de mirarte a los ojos.
Me detengo en seco. Cómo sabré si te has ido de mi casa o no. Doy vuelta y regreso, tengo que volver para ver el momento en que salgas de mi hogar. Camino sigilosa, parezco cabra chica. Pero nadie me ve, así que no importa.
Camino por la cuadra de el frente. Me escondo detrás de los autos. Hay una camioneta en la casa frente a la mía. Ahí me escondo. Respiro hondo, respiro mucho.
Estoy desesperada, me tiemblan las manos, te lo juro. Recuerdo anoche. Me hice la dormida.
-¿estás despierta?-
Preguntaste unas cinco veces. Guardé silencio y no abrí mis ojos nunca.
Sólo hoy en la mañana hablamos algo sobre los mankekes que estaban vencidos. Me los llevé conmigo, pero era mentira lo de la fecha de vencimiento. Estaba muerta de hambre. Me los comí camino a mi casa. Lo bueno es que no estaban tan molidos.
Ahora sales de mi casa. Te veo. Le dices chao a mi mamá. Sales, cierras la reja. Miras para ambos lados, me buscas quizás. Te vas con las manos en los bolsillos.
Respiro de nuevo. Me vuelve el alma al cuerpo. Espero unos segundos, sale de una casa el dueño de la camioneta donde estoy escondida. Me mira extrañado.
-estoy jugando a las escondidas-
Se ríe. Miro a todos lados y corro avergonzada. Voy a mi casa. Abro la reja, ya no te ves desde aquí. Entro.
-¿y tú? recien estuvo...-
-sí, sí me lo encontré afuera-
-te dejó algo arriba-
-okei-
Subo rápido a mi pieza. Sobre mi cama está la misteriosa bolsa negra que traías. La abro. ¡nooo! es el dinosaurio de peluche que te conté que vi el otro día y que no pude comprar porque era muy caro para mí.
Hay una tarjetita junto al dinosaurio. La abro. Dice: "Te quiero mucho, amiga".
¡Aaaaaaaaaaaaa! histeria full.
"amiga" "amiga".
Cierro la puerta y no aguanto las lágrimas. Está todo tan claro. Me abrazo al dinosaurio. Prendo la radio. Suena una canción de un grupo que te gusta, no sé como se llama. Es linda pero la apago.
¡maldición, todo empeora! Jueguitos de la verdad. Soy tan aweoná.
Ya no los veo. Deben estar entrando al antejardín. Qué hago, qué hago, qué hago. ¡ya sé! Me pongo las zapatillas sin abrocharlas. Tomo las llaves de mi casa. Siento que cierran la reja. Bajo la escala corriendo, salto los últimos escalones. Escucho que entran conversando. Mi mamá dice:
-no sé donde estará esta niñita, el otro día salió sin avisar, despues llegó con un montón de fotos de bigotes-
Voy a la pieza de mis padres, abro la ventana. Salgo hacia un pasillo exterior. Cierro la ventana. Me salta el corazón, caleta, te lo juro.
Corro por el pasillo, abro la puerta, salgo al antejardín. Cierro la puerta suavemente. Me asomo por la ventana, veo sus siluetas subiendo por la escala hacia mi pieza. Voy a la reja, abro en silencio, nunca antes había sido tan delicada, siempre salgo y portazo.
Estoy en la calle, soy libre, nadie más se ve en mi cuadra, nadie que me pueda acusar. Soy libre por fin. Corro sin rumbo pero corro. Escapo de no sé bien qué, pero escapo. Tengo que huir, no soy capaz hoy de mirarte a los ojos.
Me detengo en seco. Cómo sabré si te has ido de mi casa o no. Doy vuelta y regreso, tengo que volver para ver el momento en que salgas de mi hogar. Camino sigilosa, parezco cabra chica. Pero nadie me ve, así que no importa.
Camino por la cuadra de el frente. Me escondo detrás de los autos. Hay una camioneta en la casa frente a la mía. Ahí me escondo. Respiro hondo, respiro mucho.
Estoy desesperada, me tiemblan las manos, te lo juro. Recuerdo anoche. Me hice la dormida.
-¿estás despierta?-
Preguntaste unas cinco veces. Guardé silencio y no abrí mis ojos nunca.
Sólo hoy en la mañana hablamos algo sobre los mankekes que estaban vencidos. Me los llevé conmigo, pero era mentira lo de la fecha de vencimiento. Estaba muerta de hambre. Me los comí camino a mi casa. Lo bueno es que no estaban tan molidos.
Ahora sales de mi casa. Te veo. Le dices chao a mi mamá. Sales, cierras la reja. Miras para ambos lados, me buscas quizás. Te vas con las manos en los bolsillos.
Respiro de nuevo. Me vuelve el alma al cuerpo. Espero unos segundos, sale de una casa el dueño de la camioneta donde estoy escondida. Me mira extrañado.
-estoy jugando a las escondidas-
Se ríe. Miro a todos lados y corro avergonzada. Voy a mi casa. Abro la reja, ya no te ves desde aquí. Entro.
-¿y tú? recien estuvo...-
-sí, sí me lo encontré afuera-
-te dejó algo arriba-
-okei-
Subo rápido a mi pieza. Sobre mi cama está la misteriosa bolsa negra que traías. La abro. ¡nooo! es el dinosaurio de peluche que te conté que vi el otro día y que no pude comprar porque era muy caro para mí.
Hay una tarjetita junto al dinosaurio. La abro. Dice: "Te quiero mucho, amiga".
¡Aaaaaaaaaaaaa! histeria full.
"amiga" "amiga".
Cierro la puerta y no aguanto las lágrimas. Está todo tan claro. Me abrazo al dinosaurio. Prendo la radio. Suena una canción de un grupo que te gusta, no sé como se llama. Es linda pero la apago.
¡maldición, todo empeora! Jueguitos de la verdad. Soy tan aweoná.
Capítulo X: Por favor, ándate.
Creo haber cometido el más grande de los errores de mi vida (el de mi mamá fue ponerme este desgraciado nombre) .
Me llamaste dos veces hoy antes de que apagara mi celular. He llorado toda la tarde. Sonó el teléfono de mi casa. Seguro eras tú, pero por suerte mi mamá no está hoy. Yo estoy encerrada en mi pieza, arrepintiéndome de todo lo de anoche.
Escapé de tu casa temprano con la excusa de tener que acompañar a mi sobrina al doctor.
Estoy tan triste, te lo juro. Me siento una imbécil. Siempre lo echo todo a perder.
Me acuerdo de anoche cuando te lo dije y tú nada, miraste los dulces en la cama y no dijiste nada. ¡Nada!
Es tan obvio que las cagué. Después dijiste que yo también te gustaba pero sé que lo dijiste para no hacerme sentir mal.
Puchaaaaaa. No debí darte besos, pero como vi que no decías nada sobre mi confesión, no sabía qué más hacer. Ojala ayer nunca hubiese pasado nada. Ojala cayera un avión sobre mi casa y me matara y yo explotara en muchas partes y no quedara rastro de mi existencia. Ojala se quemara la casa, mi libreta donde escribo todas las cosas que hago contigo. Ah, y de paso ojala se quemara la casa de mi vecina. Vieja culiá, como la odio.
Estoy desesperada, te vi conectado al msn pero no me atreví a aparecer y escribirte. Leí tu mail, pero no dices nada al respecto, sólo preguntas cómo me fue con mi sobrina. Tan lindo, siempre preocupado por mí.
No te quiero perder, te lo juro, no te quiero perder ni lastimar, sólo es que empiezo a sentir otras cosas por ti.
Me estoy ahogando, estoy desesperada. Abro la ventana de mi pieza. Cresta, hoy todo me cuesta el triple.
¡te vi! estás parado afuera de mi casa. Traes puesto el chaleco que te regalé. ¿Es eso una señal? Tienes una bolsa negra en tu mano, muy misteriosa por lo demás. ¿Me quieres devolver las cosas que te regalé y olvidarme por siempre? No, que exagerada. Además, todo lo que te he dado no cabe en una mísera bolsa de plástico.
Qué haces acá afuera, vete a tu casa. Ándate, por favor ándate.
Ándate, porfa, ándate. Miras mi ventana. Espero que no me hayas visto. No creo, estoy bien escondida.
Ahora miras para todos lados. Por favor, te lo pido, ándate. Ándate.
¡no! ¡no lo creo! viene mi mamá en la esquina. La vas a ver y le pedirás entrar ¡no! porfa, ándate. Te lo ruego. No pido nada más.
Cresta, no sé qué hacer. Ya la viste. Cagué por siempre. No tengo salvación, qué hago por la chucha.
Se saludan, se sonríen y yo acá sudándola cagá de miedo. Conversan ¿qué conversan?
No. Vienen a la casa. Vienes tú también. Ayudas a mi mami con las bolsas.
Porfa, te lo repito por última vez, vete a tu casa, vete vete vete, ándate, ¡fuchi fuchi!
Te juro que te llamo hoy. Te lo juro.
(Continuará...)
Me llamaste dos veces hoy antes de que apagara mi celular. He llorado toda la tarde. Sonó el teléfono de mi casa. Seguro eras tú, pero por suerte mi mamá no está hoy. Yo estoy encerrada en mi pieza, arrepintiéndome de todo lo de anoche.
Escapé de tu casa temprano con la excusa de tener que acompañar a mi sobrina al doctor.
Estoy tan triste, te lo juro. Me siento una imbécil. Siempre lo echo todo a perder.
Me acuerdo de anoche cuando te lo dije y tú nada, miraste los dulces en la cama y no dijiste nada. ¡Nada!
Es tan obvio que las cagué. Después dijiste que yo también te gustaba pero sé que lo dijiste para no hacerme sentir mal.
Puchaaaaaa. No debí darte besos, pero como vi que no decías nada sobre mi confesión, no sabía qué más hacer. Ojala ayer nunca hubiese pasado nada. Ojala cayera un avión sobre mi casa y me matara y yo explotara en muchas partes y no quedara rastro de mi existencia. Ojala se quemara la casa, mi libreta donde escribo todas las cosas que hago contigo. Ah, y de paso ojala se quemara la casa de mi vecina. Vieja culiá, como la odio.
Estoy desesperada, te vi conectado al msn pero no me atreví a aparecer y escribirte. Leí tu mail, pero no dices nada al respecto, sólo preguntas cómo me fue con mi sobrina. Tan lindo, siempre preocupado por mí.
No te quiero perder, te lo juro, no te quiero perder ni lastimar, sólo es que empiezo a sentir otras cosas por ti.
Me estoy ahogando, estoy desesperada. Abro la ventana de mi pieza. Cresta, hoy todo me cuesta el triple.
¡te vi! estás parado afuera de mi casa. Traes puesto el chaleco que te regalé. ¿Es eso una señal? Tienes una bolsa negra en tu mano, muy misteriosa por lo demás. ¿Me quieres devolver las cosas que te regalé y olvidarme por siempre? No, que exagerada. Además, todo lo que te he dado no cabe en una mísera bolsa de plástico.
Qué haces acá afuera, vete a tu casa. Ándate, por favor ándate.
Ándate, porfa, ándate. Miras mi ventana. Espero que no me hayas visto. No creo, estoy bien escondida.
Ahora miras para todos lados. Por favor, te lo pido, ándate. Ándate.
¡no! ¡no lo creo! viene mi mamá en la esquina. La vas a ver y le pedirás entrar ¡no! porfa, ándate. Te lo ruego. No pido nada más.
Cresta, no sé qué hacer. Ya la viste. Cagué por siempre. No tengo salvación, qué hago por la chucha.
Se saludan, se sonríen y yo acá sudándola cagá de miedo. Conversan ¿qué conversan?
No. Vienen a la casa. Vienes tú también. Ayudas a mi mami con las bolsas.
Porfa, te lo repito por última vez, vete a tu casa, vete vete vete, ándate, ¡fuchi fuchi!
Te juro que te llamo hoy. Te lo juro.
(Continuará...)
Capítulo IX: Pobres mankekes.
Abro un Súper 8 y tú me retas.
-todavía no-
Sacas y sacas de tu mochila un montón de dulces y chocolates. Los ordenas uno al lado del otro y de manera perfecta.
Alineados están, en el siguiente orden, el Súper 8 que abrí, un Chocman, un Hobby, un Privilegio, un Mantecol, unos Snickers, un Turrón, un Alfi, un Gansito, una Rayita, un Pingüino, un Golpe, un Mankeke, unas gomitas flipy, un Golazo y otro Súper 8.
-traje dos Súper 8 porque sé que uno solo traería problemas-
-muy bien pensado, compañera-
Nos acomodamos frente a las golosinas, mientras espero que me digas de qué se trata el nuevo juego.
-ya mira, cada uno elige un coso y para que el otro se lo entregue tiene que responder una pregunta que le hará el otro ¿se entiende?-
-eeeh, no mucho...-
-mira, elige un coso-
-un Súper 8-
-ya, el que abriste. Para que te lo pase tienes que responder una pregunta que te haré-
-aah, dale-
-¿ahora sí?-
-sipos, pregunta nomás-
-mmm...¿has soñado conmigo últimamente?
-el otro día-
-¿qué soñaste?-
-pero es una pregunta por coso- respondo y te arrebato el Súper 8.
-ooooh, maldito, te odio-
Te cruzas de brazo y me miras enojada. Yo empiezo a comerme el Súper 8.
-no sufrai oye. Soñé que iba en un avión de guerra y que tenía que dispararle a otro avión que venía directo hacia mí, pero justo en el último momento yo tenía la sensación de que tú piloteabas ese avión y parece que sí porque te elevaste justo y despues dibujaste un corazón en el cielo-
-¿cómo dibujé?-
-aah, es que tu avión dejaba un humo morado, y el mío humo verde-
-aaah, bacán-
-te toca-
Te demoras en elegir, tomaste el mantecol y el Golpe para luego decidirte por el otro Súper 8. Era bien obvio la verdad. Lo tomo y pienso mi pregunta.
-¿te gusta alguien?-
-mmm...sí-
-¿quién?
-una sola pregunta-
-yo respondí dos-
Me miras, luego bajas la mirada a los dulces.
-tú me gustai, te toca-
Una sensación extraña me recorre el estómago. Respiro hondo. Muevo mi boca hacia un lado. Miro las golosinas, el Gansito me llama. También el Alfi y el Mantecol. En eso te lanzas sobre mí y me das un beso en la boca. Me trato de acomodar mientras te respondo el beso sin dudar. Estás sobre mí. Ambos comenzamos a aplastar las golosinas, yo escucho como suenan los envases. Pienso en el Gansito todo achurrascado, algunos caen al suelo y seguimos besándonos cada vez más apasionados. Mis manos están en tu espalda. Abro los ojos. Tú también. Apagas la lámpara, pero sin dejar de besarme. Ahora estás a mi lado. El beso sigue. Tengo mi mano izquierda en tu mejilla derecha. El beso se vuelve lento y cadencioso. Separas los labios de los míos.
Respiramos.
-lo eché todo a perder, aplasté los cosos también, disculpa-
-no, no tienes por qué pedir disculpas-
-no debería quedarme hoy acá-
-¿por qué?-
-no sé, me da vergüenza-
-tampoco te puedes ir ahora-
- si sé-
-es tarde ya-
-sigamos con el juego pero sin preguntas mejor ¿ya?-
-oye-
-¿qué?-
-tú también me gustai-
Te escondes en mí. Hay silencio, se escucha un gallo cantar.
-no me digai nada porfa, te juro que muero de vergüenza-
-bueno-
Se escucha un gallo cantar. Con mi pierna paso a llevar un dulce que cae al suelo.
-pobres mankekes-
-jajaja sí-
-mañana van a aparecer achurrascados-
-sí-
-abrázame fuerte-
-ya-
-todavía no-
Sacas y sacas de tu mochila un montón de dulces y chocolates. Los ordenas uno al lado del otro y de manera perfecta.
Alineados están, en el siguiente orden, el Súper 8 que abrí, un Chocman, un Hobby, un Privilegio, un Mantecol, unos Snickers, un Turrón, un Alfi, un Gansito, una Rayita, un Pingüino, un Golpe, un Mankeke, unas gomitas flipy, un Golazo y otro Súper 8.
-traje dos Súper 8 porque sé que uno solo traería problemas-
-muy bien pensado, compañera-
Nos acomodamos frente a las golosinas, mientras espero que me digas de qué se trata el nuevo juego.
-ya mira, cada uno elige un coso y para que el otro se lo entregue tiene que responder una pregunta que le hará el otro ¿se entiende?-
-eeeh, no mucho...-
-mira, elige un coso-
-un Súper 8-
-ya, el que abriste. Para que te lo pase tienes que responder una pregunta que te haré-
-aah, dale-
-¿ahora sí?-
-sipos, pregunta nomás-
-mmm...¿has soñado conmigo últimamente?
-el otro día-
-¿qué soñaste?-
-pero es una pregunta por coso- respondo y te arrebato el Súper 8.
-ooooh, maldito, te odio-
Te cruzas de brazo y me miras enojada. Yo empiezo a comerme el Súper 8.
-no sufrai oye. Soñé que iba en un avión de guerra y que tenía que dispararle a otro avión que venía directo hacia mí, pero justo en el último momento yo tenía la sensación de que tú piloteabas ese avión y parece que sí porque te elevaste justo y despues dibujaste un corazón en el cielo-
-¿cómo dibujé?-
-aah, es que tu avión dejaba un humo morado, y el mío humo verde-
-aaah, bacán-
-te toca-
Te demoras en elegir, tomaste el mantecol y el Golpe para luego decidirte por el otro Súper 8. Era bien obvio la verdad. Lo tomo y pienso mi pregunta.
-¿te gusta alguien?-
-mmm...sí-
-¿quién?
-una sola pregunta-
-yo respondí dos-
Me miras, luego bajas la mirada a los dulces.
-tú me gustai, te toca-
Una sensación extraña me recorre el estómago. Respiro hondo. Muevo mi boca hacia un lado. Miro las golosinas, el Gansito me llama. También el Alfi y el Mantecol. En eso te lanzas sobre mí y me das un beso en la boca. Me trato de acomodar mientras te respondo el beso sin dudar. Estás sobre mí. Ambos comenzamos a aplastar las golosinas, yo escucho como suenan los envases. Pienso en el Gansito todo achurrascado, algunos caen al suelo y seguimos besándonos cada vez más apasionados. Mis manos están en tu espalda. Abro los ojos. Tú también. Apagas la lámpara, pero sin dejar de besarme. Ahora estás a mi lado. El beso sigue. Tengo mi mano izquierda en tu mejilla derecha. El beso se vuelve lento y cadencioso. Separas los labios de los míos.
Respiramos.
-lo eché todo a perder, aplasté los cosos también, disculpa-
-no, no tienes por qué pedir disculpas-
-no debería quedarme hoy acá-
-¿por qué?-
-no sé, me da vergüenza-
-tampoco te puedes ir ahora-
- si sé-
-es tarde ya-
-sigamos con el juego pero sin preguntas mejor ¿ya?-
-oye-
-¿qué?-
-tú también me gustai-
Te escondes en mí. Hay silencio, se escucha un gallo cantar.
-no me digai nada porfa, te juro que muero de vergüenza-
-bueno-
Se escucha un gallo cantar. Con mi pierna paso a llevar un dulce que cae al suelo.
-pobres mankekes-
-jajaja sí-
-mañana van a aparecer achurrascados-
-sí-
-abrázame fuerte-
-ya-
Capítulo VIII: Una Citroneta grande en blanco y negro
Pongo un recorte de la cara de un político en tu frente. Tú pones un signo de ceda el paso en mi mejilla. Te ríes.
-vamos a quedar todos pegotes-
Cuento 9 recortes distintos en tu cara y cuello y no sé dónde pegarte una citroneta grande en blanco y negro que recorté.
-en la ropa no-
-si sé-
Estás recortando letras blancas. Miro a ver si adivino qué palabra quieres formar. Tienes una "M", una "O", una "L", una "I" y una "N".
-¿el señor Molina?-
-noooopo, "molino"- quitas de mi cuello una "O" y la pones al último.
Tomo un plumón negro y te pinto un lunar en medio de tu mejilla izquierda. Te dejas.
-Es que así quedas equilibrada-
-aam, o sea que ¿ya no me voy a tambalear más?-
-nunca más-
-jajaja, te acordai cuando se rompió la silla en el cumpleaños de tu hermana-
-sí y te llevé al baño porque te hiciste una herida en el tobillo-
-y te di un beso-
-sí-
-es que te quedaba tan bonito el chaleco que te regalé-
-¿y este no?-
-no, este no-
Pasa un rato y te ríes.
-es broma-
-a ti todo te queda siempre bonito-
-no, igual estoy más gorda que antes. Por culpa de tu mamá y sus sopaipillas-
Pasan más de 5 minutos de silencio, donde entremedio tú interrumpes cada cierto tiempo con algun trozo de canción. Cantaste una de Alberto Plaza, una de Chayanne, una de Aqua y una de Stevie Wonder.
-¿dónde vas a poner el dibujo que te di ayer?
-mmm...pensaba que acá atrás de mi cama-
-pero ahí no lo vas a ver-
-pero lo veré antes de dormir-
-no, mira, pégalo en el techo, así al despertar será lo primero que veas-
Te levantas, tomas el dibujo que está en el escritorio junto al computador. Está vuelto un rollito y amarrado con una lana roja con blanco. Lo desatas, tomas el scotch encima de mi velador. Te subes a mi cama de pie y empiezas a pegar el dibujo en el techo.
-¿está derecho ahí?-
-parece, pero hay otra cosa..-
-¿qué cosa?-
-que se te está asomando tu ombligo-
-ajaja no importa-
-y no estai gorda como dices-
-para de mirarme la guata-
Terminas de pegar el dibujo y pierdes el equilibrio y das un paso rápido para no caer.
-¡chucha!-
-sin ponerse nerviosa-
-¿sabí qué?-
-¿qué?-
-no te regalo ninguna hueá más-
-oye sí, estoy lleno de cosas tuyas-
-oye sí, que van a decir despues-
-que eres una regalona-
-jajaja en todo sentido-
Nos tiramos en la cama mirando tu dibujo.
-te quedó bacán-
-gracias-
-vamos a quedar todos pegotes-
Cuento 9 recortes distintos en tu cara y cuello y no sé dónde pegarte una citroneta grande en blanco y negro que recorté.
-en la ropa no-
-si sé-
Estás recortando letras blancas. Miro a ver si adivino qué palabra quieres formar. Tienes una "M", una "O", una "L", una "I" y una "N".
-¿el señor Molina?-
-noooopo, "molino"- quitas de mi cuello una "O" y la pones al último.
Tomo un plumón negro y te pinto un lunar en medio de tu mejilla izquierda. Te dejas.
-Es que así quedas equilibrada-
-aam, o sea que ¿ya no me voy a tambalear más?-
-nunca más-
-jajaja, te acordai cuando se rompió la silla en el cumpleaños de tu hermana-
-sí y te llevé al baño porque te hiciste una herida en el tobillo-
-y te di un beso-
-sí-
-es que te quedaba tan bonito el chaleco que te regalé-
-¿y este no?-
-no, este no-
Pasa un rato y te ríes.
-es broma-
-a ti todo te queda siempre bonito-
-no, igual estoy más gorda que antes. Por culpa de tu mamá y sus sopaipillas-
Pasan más de 5 minutos de silencio, donde entremedio tú interrumpes cada cierto tiempo con algun trozo de canción. Cantaste una de Alberto Plaza, una de Chayanne, una de Aqua y una de Stevie Wonder.
-¿dónde vas a poner el dibujo que te di ayer?
-mmm...pensaba que acá atrás de mi cama-
-pero ahí no lo vas a ver-
-pero lo veré antes de dormir-
-no, mira, pégalo en el techo, así al despertar será lo primero que veas-
Te levantas, tomas el dibujo que está en el escritorio junto al computador. Está vuelto un rollito y amarrado con una lana roja con blanco. Lo desatas, tomas el scotch encima de mi velador. Te subes a mi cama de pie y empiezas a pegar el dibujo en el techo.
-¿está derecho ahí?-
-parece, pero hay otra cosa..-
-¿qué cosa?-
-que se te está asomando tu ombligo-
-ajaja no importa-
-y no estai gorda como dices-
-para de mirarme la guata-
Terminas de pegar el dibujo y pierdes el equilibrio y das un paso rápido para no caer.
-¡chucha!-
-sin ponerse nerviosa-
-¿sabí qué?-
-¿qué?-
-no te regalo ninguna hueá más-
-oye sí, estoy lleno de cosas tuyas-
-oye sí, que van a decir despues-
-que eres una regalona-
-jajaja en todo sentido-
Nos tiramos en la cama mirando tu dibujo.
-te quedó bacán-
-gracias-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)