domingo, 8 de julio de 2012

Capítulo 42: Llevo la caja de Chocapic

Despierto de golpe. Suena tu ringtone en mi celular. Cuando tú me llamas se escucha la canción "Jump in the Line" de Beetlejuice. Intento encontrar el teléfono sin mirar, paso a botar un vaso que lleva días en el velador. La verdad no sé si todavía tenía algo de bebida, espero que no. Tomo el celular que sigue sonando.

-alo-
-¿y tú?-
-yo que-
-que no me llamas-
-ah, yo te tengo que llamar-
-¿a ver, niñito, estai enojado?-
-no, si estoy súper feliz-
-y por qué estai enojado, si se puede saber-
-si sabes, para qué te haces la mensa-
-no, no sé-
-ya, bueno da lo mismo-
-ya, que lata, te llamo y te ponís así-
-¿así como?-
-qué onda, te tengo que explicar todo-
-qué te pasa, te juro que no te entiendo-
-ya, ¿sabis qué? mejor hablemos después-

 -pero pucha…-
-chao, cuidate-


Cortaste la llamada. No entendí nada, pero tengo el presentimiento de que me estás dando vuelta todo. Típico de ti. Como los equipos dan vuelta los partidos de fútbol. Así mismo. Te debería llamar de vuelta. Marco tu número. Corto altiro. Miro la pared de mi pieza que está llena de recortes. Pienso en mandarte un mensaje. Pienso que mejor no. Pienso que esto debería ser en persona. Siempre recurro a los mensajes y ahora que lo recuerdo, nunca traen el resultado que espero. Suele malentenderse todo.

Me llamas de nuevo. Contesto rápidamente.

-qué pasa-
-¿oye te puedo ir a ver?-
-ya-
-pero espérame ahí nomás-
-bueno-
-llevo la caja de Chocapic porsiaca-
-jaja bueno-
-chao amermelao-
-chao nomás-


Terminada la llamada recién puedo respirar hondo. Me acordé que tengo un yogurt de plátano en el refri. Lo voy a buscar. Bajo la escalera rápidamente. Llego al refri. Saco la mercancía. Subo a mi pieza corriendo. Recojo la ropa sucia, los papeles, los envases de chocolates, los recortes, los lápices, los discos, las piezas del rompecabezas, los palos de helado, los juguetes.

La cama no la ordeno porque siempre que llegas te metes a ella y la desarmas. Típico de ti. Llegas, te sacas el montón de ropas y accesorios de invierno (chaquetas, chalecos, camisetas, gorros, guantes, bufandas, etc), te quitas las zapatillas, te metes a la cama, esperas a que yo ponga un disco, te enrollas, me miras y dices "está helada tu cama". Después dices "yapo guatero, abrázame". Te voy a abrazar y me das la espalda. Te hago cariño en el pelo (eso me relaja) y bostezas. Cierras los ojos y haces un movimiento como de gato. Tu pelo se me enreda en los dedos, pero lo acaricio con cuidado, igual soy torpe y a veces lo tiro. No dices nada. Siempre termino con mi nariz husmeándote la nuca. Ahí no tengo claro lo que viene, siempre ocurren cosas distintas.

Me imagino tu recorrido a mi casa. Esa calle que cruzas a la vereda contraria para evitar los perros que ladran fuerte. O la cuadra que eliges transitar para no encontrarte con esa señora gitana que siempre te dice cosas. Después, llegas a mi casa, abres la reja, entras, cierras con cuidado. Caminas por el antejardin, golpeas la puerta. Mi mamá te abre y la saludas de beso y abrazo. Mientras subes la escala pides permiso. Golpeas mi puerta. De hecho, ahora lo haces. Te abro la puerta. Me miras. Te miro, luego miro el suelo. Hay un envase de un frugelé verde claro. Silencio de 3 segundos. Entras a mi pieza y cierras la puerta. Me miras y dices:

-hola-
-hola-

Te quitas la chaqueta, la bufanda, los guantes, el gorro, te sientas en el borde de la cama. No te quitas las zapatillas.

(CONTINUA EN EL PROXIMO CAPITULO)




martes, 3 de julio de 2012

Capítulo 41: Películas que me recomiendas tú.



Me quedé dormido con la ropa puesta. Con zapatillas y todo. Miro el celular, no tengo ni llamadas ni mensajes tuyos. Yo sé que no me vas a llamar, porque a ti te gusta darle tiempo a las situaciones conflictivas. Lo que todavía no tengo claro es en lo que tú estás pensando en este momento. ¿Pensarás en Demetrio? ¿En mí? ¿En la lluvia? ¿En tomar té?

Tengo ganas de darme vuelta algún juego, pero en verdad no sé cual podría ser. Pienso en lo bacán que es el Donkey Kong, pero lo descarto inmediatamente porque ya me lo he dado vuelta un montón de veces. Creo que mi mundo favorito es de las industrias. Es cuático, pero lejos el más complicado es el de la nieve. Me carga como se resbalan los monos. Igual encuentro súper fome la gente que en la etapa del carrito hace la clave para pasarla rápido. Se juran bacanes pero no cachan nada.

Me acuerdo cuando jugábamos Street Fighter en mi Super Nintendo. Yo jugaba con Ken y tú con Chun-Li. Te ponías al tope de tu lado y empezabas a presionar el “A” para hacer el ataque de patadas. Yo te lanzaba los “aduken” y tú los saltabas y de nuevo empezabas tu ataque de patadas. Así sucesivamente hasta que yo me acercaba y terminaba cayendo en tu trampa. Me daba una rabia enorme y tú lo sabías e igual lo hacías. Eso es maldad.

Anda una polilla en la habitación. Me acuerdo de que te cargan las polillas. Se escondió detrás de mi mueble con figuritas. Me da una lata ir a matarla. ¿Por qué debería matarla? Si no me hace nada. Igual me cargan los bichos en general. Ya no siento más su aleteo. ¿Te conté que conocí una persona que se metía las polillas a la boca? Me parece que no.

Tengo ganas de ir al cine. Solo. Es bacán. Hace tiempo no voy solo. Siempre voy contigo. Antes iba sin la compañía de nadie  y me gustaba porque al salir de la función me quedaba pensando muchas cosas y las conversaba conmigo mismo y me iba en voladas súper cuáticas. Igual admito que las voladas que nos pegamos entre los dos son las más bonitas, pero a veces, creo yo, son necesarios los monólogos, como ahora. Como tú y yo distantes. Hace tiempo no discutíamos. De hecho, ¿hemos discutido alguna vez? Creo que no. Somos tan parecidos que lo que menos hacemos es discutir. Y si discutimos es por opiniones de cosas tan absurdas como cuál película de Nicolas Cage es la peor, o cuál de las canciones de El Rey León es la mejor, o cuál de los videos de The Chemical Brothers es lejos el más bacán, o por cuál chocolate del kiosko es el más rico. Pero al final siempre te termino encontrando la razón, porque cuando yo la tengo te limitas a decirme “sí, es cierto”, y no me discutes nada, y lo dices con un gesto de afirmación muy lindo que sacas. Siempre sacas gestos bonitos, es como sacar trucos en los videojuegos.

No sé qué puedo ver en la pantalla grande. Está todo tan fome. Tengo muchas películas anotadas en esa libreta que me regalaste. Hay una página especialmente dedicada a las películas que me recomiendas tú. La última que le achuntaste fue 50/50, aparte sonaba “Yellow Ledbetter” de Pearl Jam al final y me quedé pa’ dentro mucho rato. Estaba en mi sillón y miré la tele un buen rato. Luego puse mi cabeza de lado encima del sillón. Me acuerdo que te llamé cuando todavía pasaban los títulos.

-¿estai llorando?-
-no, no pude-
-¿querí un abrazo?-
-en verdad, sí-
-voy para allá-
-pero igual es tarde-
-¿tarde para qué?-
-ya, te voy a encontrar-
-ya, chao-


Vibra el celular. Es un mensaje. De inmediato se me aprieta el estómago. Lo veo. Es un mensaje para que cargue mi celular. Lo dejo de vuelta en el velador. Me acuesto. Pongo la radio.  La apago altiro. Me doy vuelta para la derecha de mi cama. Pienso en que sería bonito soñar con Winona Ryder o algo así. O contigo mejor.


http://www.youtube.com/watch?v=8EajftSAV0I

miércoles, 27 de junio de 2012

Capítulo 40: Yo me enamoré altiro de ti

(me aburrí de los números romanos)
Tercera Temporada:

Salí de tu casa mirando el suelo. Caminé apurado. Escuché partir el auto de Demetrio y no miré. Escuché como no me llamaste para que no me fuera. No me importó. En verdad sí y mucho. Yo nunca me enojo y creo que esta vez lo estoy.

La gente conversaba como si nada, los autos transitaban como si nada. Yo caminaba rápido con ganas de encerrarme en mi pieza y poner algún disco de principio a fin y ponerlo de nuevo si es que era necesario. Llegué a mi casa, subí las escalas, cerré la puerte. No lo hice fuerte, pero me tenté a hacerlo.

Me tiré a la cama. Me puse a pensar en un montón de leseras que casi ni las puedo detallar. Pensé en cuando te conocí, las primeras veces que te vi, la forma en que se me apretaba el estómago cuando me mirabas a los ojos. Recordé también cuando fuimos a comer galletas y yo decía tonteras y tú te reías y me parecías la más linda y yo el más idiota. Y por cada chiste que te sacaba, miles de sonrisas tuyas me ponían la cabeza a volar. Yo me enamoré altiro de ti. No lo pensé dos veces ni tres. No tuve que esperar nada para eso. Guardo hasta ahora cada una de esas palabras que me decías, cada uno de esos chistes que tirabas, cada gesto que hacías al reírte o al decir palabras feas.

Me acordé de cuando te caiste en la escalera del Metro, cuando lloraste en el cine porque se te cayó un helado. Me acordé de la cara que pusiste cuanto te dije que me pasaban cosas con tu cuello, o cuando te dije que si te seguías tomando el pelo yo me iba a enamorar de ti. Me acordé cuando me tiraste un escupo en la espalda y te hiciste la tonta todo el camino. Eso en verdad fue feo.

Uno es tan tonto cuando te gusta alguien, pero a la vez es tan bonito que no puedo pensar sólo en lo inseguro que me siento después de verte con ese tipo.

No puedo dejar de recordar cosas y me agota. Te veo con tu polera blanca con líneas negras, con tu polera rosada con letras feas, con tu polera rota en el hombro derecho. He sumado tantos momentos contigo que podríamos hacer un DVD de Grandes éxitos.

Lo que más me carga es que ha pasado una hora y no me llamas. Salí de tu casa y no me detuviste. Por lo que veo, no tienes palabras para explicarme lo que pasó. Pero en el fondo, no puedo llorar ni sentirme deshecho porque así como las cosas se inician también se acaban. Eso pienso ahora.

¿eso pienso ahora?

El celular permanece en mi velador y no acusa tu llamado. Creo que dormiré lo que queda de tarde. Mi cabeza sigue pensando pero ya no quiero. Se me ocurren historias donde tú me dejas por Demetrio, o tú vienes y me asesinas, o viene Amalia y me besa. El pensamiento debería tener un botón de apagado. Siempre lo he pensado.





martes, 26 de junio de 2012

BRIGIDA & ABDON ESPECIAL INVERNAL: Un Abrazo Promedio

Afuera llueve. Llueve con ganas. Me da risa cuando me dices “te tengo ganas”.

Me acuerdo la segunda vez que te vi. También llovía y nos juntamos en la Quinta Normal para imaginar “en terreno” cómo sería “El Primer Circo de Puros Mimos”. Desde la vez que te vi, cuando me diste un bombón, hasta esa vez en la Quinta Normal habíamos hablado un montón por el chat y de esas conversaciones salió ese proyecto, que según tú sería un éxito rotundo. Yo te sugerí que quitáramos la palabra “puros” al título, pero dijiste que eso le daba el toque de barrio al asunto.

La idea era montar la carpa del circo en plena Quinta Normal y teníamos que ir allá para tomar medidas del terreno, para ver dónde era el mejor lugar sin árboles, etc, etc. Así que ahí estábamos, bajo la lluvia torrencial en medio del parque. No había nadie, pero estaba abierto. Llevabas una parka y unas botas moradas. Tenías la cabeza descubierta y te estabas mojando toda. Te presté mi gorro favorito que llevaba puesto. Algo mencionaste cuando lo viste pero no recuerdo bien qué era. Traté de ponerlo en tu cabeza con mucho cuidado, porque suelo ser torpe para esas cosas.

-oye, gracias pero sin tirarme el pelo ya?-
-pucha, perdón-
-jajajja, que eres tierno-
-por qué-
-porque lo eres, mírate la cara-
-yapo, para de humillarme, eso es lo peor que te puede decir una niña-
-yaaaaa, le pusiste color ahí zii-
-¡pero si es verdad!-
-la ternura está subvalorada-
-¿tú crees? Es que soy inseguro, no sé-
-la inseguridad también está subvalorada-
-pucha, no quiero ser wini de pu-
-aaaaaaaaay, ya, mira. Quédate parado aquí-
me agarraste las mejillas- y mírame a los ojos- me quedé en silencio y te hice caso- tú eres tierno y por lo mismo, más lindo de lo que te imaginas. No deberías avergonzarte por cómo eres. Eres un bacán y punto-

Te fuiste caminando parque adentro. La lluvia caía tan fuerte, yo estaba mojado entero. Parecía como si me hubiera lavado el pelo recién. Te seguí hasta que te detuviste.

-acá encuentro que es perfecto para el circo-
-sí? Por qué?
-porque mira, la luz entra tan bonita por esos árboles y acá se forma como un círculo, ideal para montar la carpa-
-oye y una pregunta, con todo respeto-
-sí, dime-
-por qué un circo de puros mimos-
-porque son calladitos, como tú-
-pero los calladitos somos lo peores-
-eso está por verse-
-ajá-
-nada de ajá y vamos sacando la huincha-


Me reí, pero tu no. Saqué la huincha que le pedí a mi mamá, la que usa para tomarle medidas a sus clientes. Te miré de nuevo y te reíste. Ahora sí que sí.

Esa día llovió hasta el anochecer. No andaba nadie en las calles. Los charcos en el suelo se querían apoderar de toda la superficie. Pese a todo, logramos la meta. Creo que cuando nos sentamos a descansar en una banca te dije una indirecta, pero tú nunca la entendiste. Igual mejor, porque soy pésimo para esas cosas, al final las cosas pasaron nomás. Me acuerdo que te hice cariño en el pelo y luego te paraste. Yo no sabía qué pensar en realidad. Pero me quedé tranquilo cuando al despedirnos me abrazaste más segundos de lo que dura un abrazo promedio. Es curioso ese concepto. ¿Te has puesto a pensar en cuántos segundos es lo que tiene que durar un abrazo para dejar de ser un abrazo normal?



miércoles, 6 de junio de 2012

Brígida & Abdón Capítulo Especial Bailable: Lo Que Te Decía Cuando Bailábamos

Me acuerdo cuando estabas terrible feliz bailando. Me miraste, te reíste sola y te acercaste a mi oído. Gritando, porque el alto volumen de la música lo hacía necesario, me dijiste:

-¡podrían poner el meneito!-
-pero como que no pega con I wanna be sedated-
-cómo que no! las dos me las bailo cagá de la risa-
-anda a pedírsela al DJ-
-no, tay loco-
-se te consume-
-cállate y baila nomas ooooooh esta es buena!-

Sonaba The Magnificent Seven. Había un tipo bien borracho que bailaba solo al medio de la pista. Te veías tan feliz y me gustaba porque no te quejabas por nada. Estaba lleno de gente súper loca, pero a ti te daba lo mismo, sólo disfrutabas y sonreías. De nuevo te acercaste y me gritaste en la oreja:

-oye! bailai bonito-
-¿qué?-
-que bailai bonito!

Te alejaste y me miraste a los ojos. Volviste a acercarte.

-bailai como dando unos saltitos lindos!-
-jajaja, no sé bailar, bailo pésimo!!-
-pésimo baila él!-

Apuntabas a un tipo de polera rayada que parecía bailar a lo "wachiturro".

 Era chistoso reírse de todo lo que pasaba. Un tipo tenía un vaso en la cabeza y no se le caía, a pesar de menearse al ritmo de "Girls and Boys" de Blur. Había una rubia muy motivada cerca de la barra. Te dije que era como "Coyote Ugly" y te reíste harto rato. Dijiste que no te daba la valentía para pararte sobre la barra y prenderle fuego. Te dije que te creía capaz.

-calmao, voy por fuego-

Fuiste al baño y te tuve que esperar bailando solo. Volviste, nos miramos y entendimos que era momento de marchar. Para salir del lugar tuvimos que recorrerlo bailando al ritmo de una canción super noventera. Pucha, soy el peor con los nombres.

Nos dolían tanto los pies. Nos fuimos cantando el meneito. Tú me enseñaste a bailarlo.

-oye pero es el "meneaito", no el "meneito".
-como sea, la wea se baila de la misma forma.
-ella la Maura Rivera, la cocotera.
-estai picado, Rodrigo Díaz?-

Vimos pasar al curaito que bailaba solo al medio de la Disco. Se tambaleaba de lado a lado.

Camino a tomar la micro te dije un chiste y no lo entendiste.

-eso era lo que te decía cuando bailábamos. No te acordai?-
-es que quizás no te escuché bien-
-estabai curá-
-sí, caleta-
-faltó tomarse algo más pa lograr el Coyote Ugly-
-faltó más nariz tuya en mi mejilla-

Tenía mi nariz helada y tus manos también lo estaban. No había nadie en la calle y yo estaba silbando una canción bien bonita que no recuerdo el nombre, apenas me acuerde te digo.

La luna tenía forma de sonrisa y parecía que caminábamos directo hacia ella.

Jueves, 07 de junio de 2012 (02:40:56)


martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo XXXIX: Te presento a mi pololo

Hoy día se va Demetrio y las niñas. Han estado empacando y ordenando la pieza. Yo les ayudé en lo que pude. Le dije que no se preocuparan, que yo terminaba de ordenar, pero Demetrio quiso dejar todo tal cual estaba cuando llegaron.

Me despedí de las niñas, las abracé, les dije que se cuidaran, me dijeron que sí. Me dieron las gracias por todo, y me dijeron que era linda. Ahí me emocioné un poco, ahí se asomó de nuevo el perfil maternal y tierno, ese que nunca soy.

Las niñas hicieron unos dibujos en un cuaderno que les presté. Los miraba mientras terminaban de ordenar sus cosas. Habían un montón de paisajes de cerros con casas y árboles y ríos. Lo divertido era que apenas avanzaba las hojas del cuaderno, la casa del paisaje se iba deteriorando más y más. Ya sea por tamaño, por el color, por la calidad de los trazos. En realidad no es divertido, pero era lo único que cambiaba al pasar las hojas. Todo lo demás se mantenía tal cual.

Las niñas estaban listas. Demetrio también. A Estefanía le pasé un yogurt de damasco y a Francisca uno de frutilla.

Los acompañé a la puerta, un auto los esperaba afuera. Demetrio llevaba el bolso verde. Lo dejó dentro del auto y vino a despedirse de mí. Me acordé de que le tenía un regalo. Le dije que me esperara. Fui a mi pieza, busqué la foto del perro "pirata", dentro de mi cajita con quiltros vagos. Pensé que sería un bonito regalo. Me doy vuelta para dirigirme a la calle y está Demetrio en mi pieza.

-me asustaste, tonto- me río, con el corazón a full.
-es que te quería dar un abrazo, y allá afuera hay mucha gente-

Se acerca y me abraza, fuerte. También lo abrazo, después de todo igual me cae bien.

-gracias por todo-
-no tienes por qué agradecer-
-sí, te portaste un siete con las niñas y conmigo igual-
-no podía ser de otra forma, hay que ayudarse frente a estas catástrofes-

Demetrio detuvo el abrazo para mirarme con ternura. Me volvió a abrazar.

-espero volver a verte por ahí- dijo.
-yo creo que nos toparemos en alguna parte-
-también lo creo, y conversaremos sobre el amor y otras cosas complicadas-
-jajaja, me encanta, me encanta complicarme la vida con preguntas tontas-


Demetrio detuvo el abrazo nuevamente, me miró a los ojos, pasó por mi boca y luego hacia mi oreja derecha. Quitó unos pelos que tenía y los ordenó tras ella. Lo hizo muy lento y admito un nerviosismo en mí.

Los siguientes segundo parecieron eternos. Podría haber ido a almorzar, haber comido el postre y haber vuelto al lugar, antes de que Demetrio retomara sus palabras. A propósito de postre, hoy comimos semola con leche, de esa exquisita que hace mi madre, yo creo que su única especialidad. La que mejor cocina en esta vida es tu mamá. Podría llamarla "suegra" a esta altura. 

-te quería decir una cosa- dijo Demetrio muy cerca de mi oído.
-sí, dime- admito que me puse bastante nerviosa.
-si te dijera que te quiero dar un beso, lo pensarías?-
-Demetrio, ¿esto es un tema de ego, o qué?-
-jajajja, eres más segura de lo que crees-
-quizás, algunas cosas las tengo claras-
-en todo caso, no fue...-
-un intento de jotearme?-
-...que pensara que no podrías negarte-
-sonó así-
-es que en verdad...-

Demetrio frenó su frase y no sé si esperaba que yo le dijera "adelante, sigue con la historia" o qué. Me puse muy incómoda, sabía que lo que venía no era bueno. Quería irme, quería que se fuera. La cosa se le estaba yendo de las manos.

-...es que en verdad, lo pensé mucho y tengo muchas ganas de darte un beso-

Demetrio tenía su cara muy cerca de la mía, me miraba fijo y su boca se acercaba a la mía. Miré sus labios. Miré sus ojos. Me sujetó fuerte desde la espalda, me dio un poco de miedo. Casi sentía su respiración sobre mi. Me quedé paralizada, en estado de shock.

Golpearon la puerta. Me asomo por sobre el hombro de Demetrio. Es Abdón.

-h-hola, Demetrio, te presento a mi pololo. 

Demetrio saluda a Abdón. La escena es ridícula. Abdón me mira. Tocan la bocina afuera. Demetrio dice que se tiene que ir, se despide de un beso en la mejilla y la de la mano a Abdón. Se retira. Abdón me queda mirando. Por mucho tiempo.

Abdón se retira también.

FIN DE LA SEGUNDA TEMPORADA

Capítulo XXXVIII: ¿eso fue una indirecta?

(Capítulo de larga duración)

-Buenos días-

Escuché eso y desperté. Abro los ojos y miro a Demetrio a mi lado con una bandeja y el desayuno.

-qué vergüenza, debeo estar toda chascona-
-mmm, sí, un poco- -¿me viste dormir?-
-sí, un poco-
-noooo, hago cosas cuáticas cuando duermo, pego patadas, tengo taldos-
-jajaja, no te preocupes, te veías de lo más tierna. No te quería despertar, pero tu mamá dijo que lo hiciera-
-¿mi mamá? ¿dónde está?-
-salió hace poco-
-aam, me voy a acomodar ya?-
-sipue, que se enfría su té con leche-
-mmmm que rico! y tostadas-
-así es, tu mamá me sopló tus gustos-
-lo imaginé-

Probé el desayuno, estaba todo muy rico. El té con leche estaba perfecto, justo en su medida.

-¿y tus hermanas?-
-éstán jugando al tsunami en la pieza. ¿quieres más pan?-
-mmm bueno ya- Demetrio fue a buscar más tostadas a la cocina.

Aprovecho de buscar algo interesante que mostrarle. Mmmm, qué puede ser. No sé de que hablarle y si le muestro algo puedo armar un tema de conversación. ¡Ya sé! La caja con postales que está en la repisa. Me levanto rápidamente y tomo la cajita. La dejo en el velador. Demetrio llega con más tostadas.

-¡que rico olor!-
-¿cierto? las tostadas con mantequilla son lo mejor-
-sí!, gracias, te pasaste. Oye, te quería mostrar algo-
-a ver, veamos- le paso la cajita.

Demetrio la recibe, la mira con curiosidad, la abre. Se encuentra con un montón de fotos en blanco y negro.

-son fotos de perros vagos-
-que bonitas, se ven todos simpáticos-
-mucho, parecía que posaran para mí-
-¿todas las sacaste tú?-
-sí-
-que seca, y la caja ¿la hiciste tú?-
-eem, no, esa la hizo Abdón-
-tu pololo-
-sí-

Demetrio volvió a mirar las fotos. Tres veces. Dijo que su favorito era uno que parecía pirata. También es mi favorita. Ganó un punto base.

De pronto hay mucho silencio. Parece que voy a hablar algo. No, parece que tú vas a hablar.

-ese Abdón es bien afortunado-
-¿por qué lo dices?-
-porque pienso que debes ser re buena polola, eres muy distinta a las otras niñas-
-distinta quizás, pero buena polola no- Demetrio abrió los ojos, con ganas de preguntar el por qué, pero me adelanté.

-no me baño siempre, me tiro chanchos, soy muy ruda a veces, no me depilo, digo muchos garabatos, no me pinto ni los labios-
-pero eso es lindo, las niñas más bonitas son las que no se pintan-

Hubo otro silencio, esto me recuerda otros momentos de mi vida. Lo interrumpo.

-yo creo que alguien llegará a tu vida.
-o sea, eso decía mi horóscopo antes de conocerte-
-espérate, ¿eso fue una indirecta?
-no-

Suena mi celular. Miro su pantalla, eres tú. Respondo.

-como estai-
-bien y tú- respondes con el tono más antipático.
-tomo desayuno-
-ah, oye ¿qué harás hoy?-
-estoy de dueña de casa pos-
-o sea, tienes que quedarte con ese loco-
-si lo dices así, sí-
-ya chao- me cortas. Disimulo mi rabia.
-yo también te amo, besitos, chauu- digo con la voz más "polola" del mundo.

Retomo la conversación.

-entonces dices que eso no fue una indirecta-
-mira, tú me gustas, pero de otra forma- me río casi en tono de burla.
-¿quieres que yo te crea eso?-
-no entiendo-
-crees que no me doy cuenta como me miras, incluso desde que llegaste-
-no sé a qué te refieres-
-mira, no existe eso de "gustar de otra forma", alguien te gusta o no te gusta nomás-
-no creo que sea tan así-
-a ver, entonces cómo te gusto yo. ¿te gustaría tener algo conmigo?-
-bueno, sí-
-yapo, viste-
-pero a cualquier hombre-
-mmm, eso no sirve de defensa- 
-en todo caso, no intento jotearte-
-pero Demetrio, vienes tú acá a mi cama y me dices eso de que te gusto y todo lo demás, una igual se pasa rollos po-
-depende de la persona, yo no me pasaría rollos-
-¿no? bueno, yo sí-
-qué tipo de rollo-
-no sé, cómo es gustarle a otro tipo-
-bueno, ya lo sabes-
-pero alguien que sienta algo tan fuerte como mi pololo-
-mmm, quizás si te conociera más podrías ser así como él-
-no lo creo, tú eres un hombre muy seguro para mí-
-¿qué tiene? a las mujeres le gustan los hombres seguros o no?-
-depende de la persona-

Silencio, suenan unos pajaritos en la ventana. Deben ser esos que me despiertan cada día. Retomo.

-a mí me gusta ese grado de incertidumbre en la vida. Con mi pololo a veces planeamos ir al museo y terminamos lanzando cohetes de papel desde un edificio. El "No sé" es nuestro estilo de vida.
-oye, naquever, pero te quería decir que nosotros nos vamos mañana en la mañana- cambias el tema de la manera menos sutil, pero no me interesa-

-¿a donde?-
-a la casa de unos parientes. Ya no seremos vecinos-
-ya no lo seremos-
-¿te enojaste?-
-no, la vida me sonríe últimamente-
-se te nota-
-gracias-
-voy a llevar las cosas a la cocina-
-ya, te pasaste, estaba todo muy rico-

Demetrio salió de la pieza. Un suspiro aliviado salió de mí. Me recosté de nuevo y abracé la almohada.
El sol comienza a molestar, a través de la ventana.