miércoles, 19 de septiembre de 2012

Capítulo Especial: Fiestas Patrias

Corren las nubes por el cielo. Los árboles se mueven suavemente, mientras tú te comes la aceituna de la empanada. Me gusta verte comer porque lo haces concentrada y me da risa, aparte te miro porque sé que te molesta que lo hagan mientras comes.

-¿te dije que yo me tragaba los cuescos de aceitunas?-
-estai loca, cómo te los vai a tragar-
-sipo, igual que los chicles-
-que eris mula, eso te haría mal-
-bah, quién se los traga, tú acaso?-
-no, pero no te creo-
-ah no?-
-nopo, ver para creer, como dicen-
-otro día- dijiste echando a volar el cuesco.
-viste que es mentira-
-ay, nunca me crees nada, tengo que estar mostrándote todo para que me creas-
-ay, mejor vamos a elevar el volantín del Colo-Colo que compraste-
-que, si ni sabes elevar-
-nopo, y seguro tú sipo-
-obvio, para qué iba a comprar un volantín si no sé elevar-
-porque te gusta el Colo-Colo-
-obvio que no, aparte, no me gusta, sólo que a toda mi familia le gusta-
-aparte puro pierden ahora-
-aparte, tú no hables de fútbol que eres el que menos sabe de eso en la vida-
-te cayó mal la empanada o qué, que andai tan chorita-
-no, la verdad no, pero me quedó un aliento rico, dame un beso?-
-ya, pero déjame comer empanada también-

Me pasaste el resto de empanada y me lo devoré en segundos. Igual no te quedaba nada.

-listo, dame un beso-
-nopo, dámelo tú, si yo te dije primero po-
-oooooh la cabra pesaita!-
-oooooh el weón que se caga con un beso-

Me lancé sobre ti y te di un beso bien largo, sentimos el sabor a cebolla, carne y huevo impregnado en nuestras bocas.

-sale de acá, asqueroso!-
-jajajajaj, no queriai beso?-
-no, ya no, dame bebida-

Tomaste un buen sorbo de Bilz, mientras me mirabas.

-tienes un pedazo de carne en el diente-
-¿en serio?- me pasé la lengua por sobre los dientes.
-nooo, era mentira wuajajajaj-
-aja ja ja que chistosita-
-siempre caes, eres terrible menso-
-como los que están marchando más alla?-
-no no tanto.

Pasó un avión por el cielo y nos quedamos en silencio. Me miraste y sonreíste. Tenías un pedazo de cebolla en el diente.


miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 44: La regla de la comida que se cae al suelo

El sol se entromete a través de la cortina y dibuja unas caras en el techo. Me hacen pensar en ese retrato hablado boliviano. Duermes a mi lado, con la almohada marcada en tu mejilla. Me acuerdo que esa es una de las cosas que te cargan y que no entiendes cómo aún no inventan unos protectores de rostro "anti-marcas de almohada". Te cubro en hombro con la frazada.

-mmmmnooo, hace calor-
-desde cuándo tan calurosa, señorita friolenta?-
-pero si hace calor po, abre la ventana porfis-
-me da flojera levantarme-
-yapo-
-después-
-yapo feo-
-anda tú-
-pero si tú estai más cerca-
-pucha pooo-
-yapo y te doy un besito-
-cha! quesaen de chantajes-
-quesaen de ser irresistible-

Me levanto y abro la ventana, no por darte la razón. Es verdad, hace bastante calor.

-quesaen de tenerte pa los mandaos, wajajaja-
-ooh, que desagradable la cabrita-
-te tengo dominado, igual que tu mami-
-blablabla-
-queda yogurt?-
-me lo comí todo anoche-
-maldito puerco-
-estaba ricoo-
-¿le pasaste el dedo?-
-sí-
-puchaa, ah pero ¿queda Chocapic?-
-sí, pero botado en el suelo-
-ah, igual pos, lo devolvemos a la caja y listoco-
-cochina, no cachai la regla de la comida que se cae al suelo acaso?-
-no, ¿cuál es esa?-
-la regla dice que si la comida que se cae pasa más de 3 segundos en el suelo, ya no se puede recoger-
-pfffffffffff, ¿quién inventó esa regla tan descriteriada?-
-ya, cómo no lo cachai, es cultura general-
-wajajaj, está en la constitución?-
-así es-
-vas a ver lo que hago con tu regla-

Te levantaste rápidamente de la cama y te pusiste a recoger todo el Chocapic del suelo. Yo me reía nomás.

-miren a la niñita, tiene hambree-
-"miren a la niñita, tiene hambreee"-repetiste con tono de burla.
-pooobrecita, no le dan comida en la casa-
-mira, llevo 152 cereales recolectados, y tú queriai botarlos-
-hágamos algo, te doy un beso por cada cereal que haya en esa caja-
-ya! pero ¿me los puedo comer igual después?-
-nopo-
-ah, entonces anda a darle tus besos a la señora de la esquina-
-prefiero comer cereal del suelo-
-qué esperas para ayudarme?-

Ganaste. Como siempre. Te ayudo a recoger, mientras me miras con la misma cara de felicidad que tienes cuando me comprometo con tus nobles y curiosas causas.

El viento mueve la cortina, la cortina dibuja figuras en el techo, las figuras tienen forma de cereal y tú de 10 Chocapic recogidos te comes 2.




jueves, 9 de agosto de 2012

Capítulo 43: ¿Hablemos de Amor?


(continuación del capitulo anterior)

Desde el borde de la cama me miraste y nos quedamos en silencio esperando a que uno de los dos dijera la primera palabra. Movías tu pie derecho en pequeños círculos. Sacaste de tu bolso una caja de Chocapic.

-¿quieres?- me dijiste estirando la caja hacia mí.

Saqué un montón  de Chocapic con mi mano izquierda, me los llevé a la boca, quedaron algunos fuera. Con mi otra mano tomé el yogurt de plátano sobre mi velador y tomé un poco. Dentro de mi boca se mezclaba todo y con mis dientes molía cada uno de los cereales. Te ofrecí el yogurt. Hiciste lo mismo que yo.

Me agaché hacia tus pies que ahora se movían en conjunto. Desaté los cordones y te quité las zapatillas. Me miraste y sonreíste como cuando uno lo hace y lo intenta disimular pero no lo logra. Tiré las zapatillas bajo la cama y tú te metiste bajo las frazadas. Te imité. Me miraste un buen rato. Yo te miré también. Ambos no pudimos evitar las sonrisas en nuestra cara. Yo abrí fuego.

-idiota-
-aweonao-
-estúpida-
-sacowea-
-imbécil-
-feo culiao-
-bonita-
-aaaaaaaaay-
-qué tanto “aaay”-
-tú que me dai rabia-
-tssss, y tú?-
-yo me porto bien-
-ya-
-oye-
-qué-
-hablemos-
-¿hablemos de amor?-
-sipo, de amor-
-yapo-
-ya, mira. No entiendo por qué te fuiste corriendo como una nena el otro día-
-ah, claro, seguro me iba a quedar a ver el espectáculo que tenías con tu amiguito-
-¿espectáculo? Te pasaste-
-bueno, el besuqueo po-
-qué????!!!!!-
-ahora lo vai a negar-
-oye, estai loco, no nos dimos ningún beso, el loco quiso pero yo nunca quise-
-¿y entonces que vi?-
-tú entraste cuando este loco se estaba acercando a mí, pero no pasó nada-
-y por qué no me paraste cuando me iba para explicarme eso, nos hubiéramos ahorrado todos estos días enojados-
-porque no voy a andar corriendo detrás de nadie, menos de alguien tan taimao y pasao a rollo como tú-
-ah, ya ahora la culpa es mía, como siempre-
-no, no sé si hay culpa, fue todo un malentendido nomás-
-pucha, esperé que me llamaras y nada-
-pucha ya perdón, igual tenís razón-
-por fin tengo la razón una vez en la vida-
-yaaaa tonto sopenco, oye estai lindo-
-blablabla-
-mírame-
-qué-

Me diste el beso más lindo y más esperado de todos los besos. La caja de Chocapic cayó desde la cama y se escuchó como se desparramaba el cereal por todo el suelo. Prendiste la radio mientras me besabas (vieja técnica tuya), empezó a sonar una canción bonita. Quise acordarme del nombre, pero no pude, soy hombre y puedo concentrarme en hacer una cosa a la vez.

-cómo se llama esta canción- me preguntaste.
-eso mismo estaba pensando-
-oye-
-qué-
-te amo-
-yo también-

Un perro ladró a la distancia. Otros varios le siguieron en coro. Un auto frenó. Se escuchó la sirena de los bomberos, ¿o de la ambulancia? No tengo idea. Te miré a los ojos y ordené tu chasquilla hacia un lado. Puse tus pelos rebeldes sobre tu oreja y te escondiste en mi cuello.

-piedra angular-
-qué cosa?- pregunté recorriendo con el dedo índice el camino de tu nuca al hombro derecho.
-piedra angular, así se llama la canción-
-ah, verdad-
-¿cuántas vueltas más nos tendremos que dar?-
-para que nos pongamos a vomitar?-
-no calza pooo-
-ay-
-oye-
-qué-
-mmm no nada, se me fue-
-cállate un rato será mejor-
-sí, verdad-

domingo, 8 de julio de 2012

Capítulo 42: Llevo la caja de Chocapic

Despierto de golpe. Suena tu ringtone en mi celular. Cuando tú me llamas se escucha la canción "Jump in the Line" de Beetlejuice. Intento encontrar el teléfono sin mirar, paso a botar un vaso que lleva días en el velador. La verdad no sé si todavía tenía algo de bebida, espero que no. Tomo el celular que sigue sonando.

-alo-
-¿y tú?-
-yo que-
-que no me llamas-
-ah, yo te tengo que llamar-
-¿a ver, niñito, estai enojado?-
-no, si estoy súper feliz-
-y por qué estai enojado, si se puede saber-
-si sabes, para qué te haces la mensa-
-no, no sé-
-ya, bueno da lo mismo-
-ya, que lata, te llamo y te ponís así-
-¿así como?-
-qué onda, te tengo que explicar todo-
-qué te pasa, te juro que no te entiendo-
-ya, ¿sabis qué? mejor hablemos después-

 -pero pucha…-
-chao, cuidate-


Cortaste la llamada. No entendí nada, pero tengo el presentimiento de que me estás dando vuelta todo. Típico de ti. Como los equipos dan vuelta los partidos de fútbol. Así mismo. Te debería llamar de vuelta. Marco tu número. Corto altiro. Miro la pared de mi pieza que está llena de recortes. Pienso en mandarte un mensaje. Pienso que mejor no. Pienso que esto debería ser en persona. Siempre recurro a los mensajes y ahora que lo recuerdo, nunca traen el resultado que espero. Suele malentenderse todo.

Me llamas de nuevo. Contesto rápidamente.

-qué pasa-
-¿oye te puedo ir a ver?-
-ya-
-pero espérame ahí nomás-
-bueno-
-llevo la caja de Chocapic porsiaca-
-jaja bueno-
-chao amermelao-
-chao nomás-


Terminada la llamada recién puedo respirar hondo. Me acordé que tengo un yogurt de plátano en el refri. Lo voy a buscar. Bajo la escalera rápidamente. Llego al refri. Saco la mercancía. Subo a mi pieza corriendo. Recojo la ropa sucia, los papeles, los envases de chocolates, los recortes, los lápices, los discos, las piezas del rompecabezas, los palos de helado, los juguetes.

La cama no la ordeno porque siempre que llegas te metes a ella y la desarmas. Típico de ti. Llegas, te sacas el montón de ropas y accesorios de invierno (chaquetas, chalecos, camisetas, gorros, guantes, bufandas, etc), te quitas las zapatillas, te metes a la cama, esperas a que yo ponga un disco, te enrollas, me miras y dices "está helada tu cama". Después dices "yapo guatero, abrázame". Te voy a abrazar y me das la espalda. Te hago cariño en el pelo (eso me relaja) y bostezas. Cierras los ojos y haces un movimiento como de gato. Tu pelo se me enreda en los dedos, pero lo acaricio con cuidado, igual soy torpe y a veces lo tiro. No dices nada. Siempre termino con mi nariz husmeándote la nuca. Ahí no tengo claro lo que viene, siempre ocurren cosas distintas.

Me imagino tu recorrido a mi casa. Esa calle que cruzas a la vereda contraria para evitar los perros que ladran fuerte. O la cuadra que eliges transitar para no encontrarte con esa señora gitana que siempre te dice cosas. Después, llegas a mi casa, abres la reja, entras, cierras con cuidado. Caminas por el antejardin, golpeas la puerta. Mi mamá te abre y la saludas de beso y abrazo. Mientras subes la escala pides permiso. Golpeas mi puerta. De hecho, ahora lo haces. Te abro la puerta. Me miras. Te miro, luego miro el suelo. Hay un envase de un frugelé verde claro. Silencio de 3 segundos. Entras a mi pieza y cierras la puerta. Me miras y dices:

-hola-
-hola-

Te quitas la chaqueta, la bufanda, los guantes, el gorro, te sientas en el borde de la cama. No te quitas las zapatillas.

(CONTINUA EN EL PROXIMO CAPITULO)




martes, 3 de julio de 2012

Capítulo 41: Películas que me recomiendas tú.



Me quedé dormido con la ropa puesta. Con zapatillas y todo. Miro el celular, no tengo ni llamadas ni mensajes tuyos. Yo sé que no me vas a llamar, porque a ti te gusta darle tiempo a las situaciones conflictivas. Lo que todavía no tengo claro es en lo que tú estás pensando en este momento. ¿Pensarás en Demetrio? ¿En mí? ¿En la lluvia? ¿En tomar té?

Tengo ganas de darme vuelta algún juego, pero en verdad no sé cual podría ser. Pienso en lo bacán que es el Donkey Kong, pero lo descarto inmediatamente porque ya me lo he dado vuelta un montón de veces. Creo que mi mundo favorito es de las industrias. Es cuático, pero lejos el más complicado es el de la nieve. Me carga como se resbalan los monos. Igual encuentro súper fome la gente que en la etapa del carrito hace la clave para pasarla rápido. Se juran bacanes pero no cachan nada.

Me acuerdo cuando jugábamos Street Fighter en mi Super Nintendo. Yo jugaba con Ken y tú con Chun-Li. Te ponías al tope de tu lado y empezabas a presionar el “A” para hacer el ataque de patadas. Yo te lanzaba los “aduken” y tú los saltabas y de nuevo empezabas tu ataque de patadas. Así sucesivamente hasta que yo me acercaba y terminaba cayendo en tu trampa. Me daba una rabia enorme y tú lo sabías e igual lo hacías. Eso es maldad.

Anda una polilla en la habitación. Me acuerdo de que te cargan las polillas. Se escondió detrás de mi mueble con figuritas. Me da una lata ir a matarla. ¿Por qué debería matarla? Si no me hace nada. Igual me cargan los bichos en general. Ya no siento más su aleteo. ¿Te conté que conocí una persona que se metía las polillas a la boca? Me parece que no.

Tengo ganas de ir al cine. Solo. Es bacán. Hace tiempo no voy solo. Siempre voy contigo. Antes iba sin la compañía de nadie  y me gustaba porque al salir de la función me quedaba pensando muchas cosas y las conversaba conmigo mismo y me iba en voladas súper cuáticas. Igual admito que las voladas que nos pegamos entre los dos son las más bonitas, pero a veces, creo yo, son necesarios los monólogos, como ahora. Como tú y yo distantes. Hace tiempo no discutíamos. De hecho, ¿hemos discutido alguna vez? Creo que no. Somos tan parecidos que lo que menos hacemos es discutir. Y si discutimos es por opiniones de cosas tan absurdas como cuál película de Nicolas Cage es la peor, o cuál de las canciones de El Rey León es la mejor, o cuál de los videos de The Chemical Brothers es lejos el más bacán, o por cuál chocolate del kiosko es el más rico. Pero al final siempre te termino encontrando la razón, porque cuando yo la tengo te limitas a decirme “sí, es cierto”, y no me discutes nada, y lo dices con un gesto de afirmación muy lindo que sacas. Siempre sacas gestos bonitos, es como sacar trucos en los videojuegos.

No sé qué puedo ver en la pantalla grande. Está todo tan fome. Tengo muchas películas anotadas en esa libreta que me regalaste. Hay una página especialmente dedicada a las películas que me recomiendas tú. La última que le achuntaste fue 50/50, aparte sonaba “Yellow Ledbetter” de Pearl Jam al final y me quedé pa’ dentro mucho rato. Estaba en mi sillón y miré la tele un buen rato. Luego puse mi cabeza de lado encima del sillón. Me acuerdo que te llamé cuando todavía pasaban los títulos.

-¿estai llorando?-
-no, no pude-
-¿querí un abrazo?-
-en verdad, sí-
-voy para allá-
-pero igual es tarde-
-¿tarde para qué?-
-ya, te voy a encontrar-
-ya, chao-


Vibra el celular. Es un mensaje. De inmediato se me aprieta el estómago. Lo veo. Es un mensaje para que cargue mi celular. Lo dejo de vuelta en el velador. Me acuesto. Pongo la radio.  La apago altiro. Me doy vuelta para la derecha de mi cama. Pienso en que sería bonito soñar con Winona Ryder o algo así. O contigo mejor.


http://www.youtube.com/watch?v=8EajftSAV0I

miércoles, 27 de junio de 2012

Capítulo 40: Yo me enamoré altiro de ti

(me aburrí de los números romanos)
Tercera Temporada:

Salí de tu casa mirando el suelo. Caminé apurado. Escuché partir el auto de Demetrio y no miré. Escuché como no me llamaste para que no me fuera. No me importó. En verdad sí y mucho. Yo nunca me enojo y creo que esta vez lo estoy.

La gente conversaba como si nada, los autos transitaban como si nada. Yo caminaba rápido con ganas de encerrarme en mi pieza y poner algún disco de principio a fin y ponerlo de nuevo si es que era necesario. Llegué a mi casa, subí las escalas, cerré la puerte. No lo hice fuerte, pero me tenté a hacerlo.

Me tiré a la cama. Me puse a pensar en un montón de leseras que casi ni las puedo detallar. Pensé en cuando te conocí, las primeras veces que te vi, la forma en que se me apretaba el estómago cuando me mirabas a los ojos. Recordé también cuando fuimos a comer galletas y yo decía tonteras y tú te reías y me parecías la más linda y yo el más idiota. Y por cada chiste que te sacaba, miles de sonrisas tuyas me ponían la cabeza a volar. Yo me enamoré altiro de ti. No lo pensé dos veces ni tres. No tuve que esperar nada para eso. Guardo hasta ahora cada una de esas palabras que me decías, cada uno de esos chistes que tirabas, cada gesto que hacías al reírte o al decir palabras feas.

Me acordé de cuando te caiste en la escalera del Metro, cuando lloraste en el cine porque se te cayó un helado. Me acordé de la cara que pusiste cuanto te dije que me pasaban cosas con tu cuello, o cuando te dije que si te seguías tomando el pelo yo me iba a enamorar de ti. Me acordé cuando me tiraste un escupo en la espalda y te hiciste la tonta todo el camino. Eso en verdad fue feo.

Uno es tan tonto cuando te gusta alguien, pero a la vez es tan bonito que no puedo pensar sólo en lo inseguro que me siento después de verte con ese tipo.

No puedo dejar de recordar cosas y me agota. Te veo con tu polera blanca con líneas negras, con tu polera rosada con letras feas, con tu polera rota en el hombro derecho. He sumado tantos momentos contigo que podríamos hacer un DVD de Grandes éxitos.

Lo que más me carga es que ha pasado una hora y no me llamas. Salí de tu casa y no me detuviste. Por lo que veo, no tienes palabras para explicarme lo que pasó. Pero en el fondo, no puedo llorar ni sentirme deshecho porque así como las cosas se inician también se acaban. Eso pienso ahora.

¿eso pienso ahora?

El celular permanece en mi velador y no acusa tu llamado. Creo que dormiré lo que queda de tarde. Mi cabeza sigue pensando pero ya no quiero. Se me ocurren historias donde tú me dejas por Demetrio, o tú vienes y me asesinas, o viene Amalia y me besa. El pensamiento debería tener un botón de apagado. Siempre lo he pensado.





martes, 26 de junio de 2012

BRIGIDA & ABDON ESPECIAL INVERNAL: Un Abrazo Promedio

Afuera llueve. Llueve con ganas. Me da risa cuando me dices “te tengo ganas”.

Me acuerdo la segunda vez que te vi. También llovía y nos juntamos en la Quinta Normal para imaginar “en terreno” cómo sería “El Primer Circo de Puros Mimos”. Desde la vez que te vi, cuando me diste un bombón, hasta esa vez en la Quinta Normal habíamos hablado un montón por el chat y de esas conversaciones salió ese proyecto, que según tú sería un éxito rotundo. Yo te sugerí que quitáramos la palabra “puros” al título, pero dijiste que eso le daba el toque de barrio al asunto.

La idea era montar la carpa del circo en plena Quinta Normal y teníamos que ir allá para tomar medidas del terreno, para ver dónde era el mejor lugar sin árboles, etc, etc. Así que ahí estábamos, bajo la lluvia torrencial en medio del parque. No había nadie, pero estaba abierto. Llevabas una parka y unas botas moradas. Tenías la cabeza descubierta y te estabas mojando toda. Te presté mi gorro favorito que llevaba puesto. Algo mencionaste cuando lo viste pero no recuerdo bien qué era. Traté de ponerlo en tu cabeza con mucho cuidado, porque suelo ser torpe para esas cosas.

-oye, gracias pero sin tirarme el pelo ya?-
-pucha, perdón-
-jajajja, que eres tierno-
-por qué-
-porque lo eres, mírate la cara-
-yapo, para de humillarme, eso es lo peor que te puede decir una niña-
-yaaaaa, le pusiste color ahí zii-
-¡pero si es verdad!-
-la ternura está subvalorada-
-¿tú crees? Es que soy inseguro, no sé-
-la inseguridad también está subvalorada-
-pucha, no quiero ser wini de pu-
-aaaaaaaaay, ya, mira. Quédate parado aquí-
me agarraste las mejillas- y mírame a los ojos- me quedé en silencio y te hice caso- tú eres tierno y por lo mismo, más lindo de lo que te imaginas. No deberías avergonzarte por cómo eres. Eres un bacán y punto-

Te fuiste caminando parque adentro. La lluvia caía tan fuerte, yo estaba mojado entero. Parecía como si me hubiera lavado el pelo recién. Te seguí hasta que te detuviste.

-acá encuentro que es perfecto para el circo-
-sí? Por qué?
-porque mira, la luz entra tan bonita por esos árboles y acá se forma como un círculo, ideal para montar la carpa-
-oye y una pregunta, con todo respeto-
-sí, dime-
-por qué un circo de puros mimos-
-porque son calladitos, como tú-
-pero los calladitos somos lo peores-
-eso está por verse-
-ajá-
-nada de ajá y vamos sacando la huincha-


Me reí, pero tu no. Saqué la huincha que le pedí a mi mamá, la que usa para tomarle medidas a sus clientes. Te miré de nuevo y te reíste. Ahora sí que sí.

Esa día llovió hasta el anochecer. No andaba nadie en las calles. Los charcos en el suelo se querían apoderar de toda la superficie. Pese a todo, logramos la meta. Creo que cuando nos sentamos a descansar en una banca te dije una indirecta, pero tú nunca la entendiste. Igual mejor, porque soy pésimo para esas cosas, al final las cosas pasaron nomás. Me acuerdo que te hice cariño en el pelo y luego te paraste. Yo no sabía qué pensar en realidad. Pero me quedé tranquilo cuando al despedirnos me abrazaste más segundos de lo que dura un abrazo promedio. Es curioso ese concepto. ¿Te has puesto a pensar en cuántos segundos es lo que tiene que durar un abrazo para dejar de ser un abrazo normal?