domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo 54: Solicitud de Amistad


Despierto con el sol en mi cara. Cierro los ojos y veo manchas rojas que no se van al volver a abrirlos. Me duele la cabeza. No me acuerdo a qué hora me quedé dormida, pero estoy vestida aún, lo que indica que me tiré así nomás a la cama y morí. Veo el celular, ni mensajes ni llamados con tu nombre. Ningún indicio de arrepentimiento, aunque no sé si alguno tiene que hacerlo. ¿Lo de ayer es culpa de alguien? ¿Quién debe acercarse al otro ahora? Nunca tengo claras esas cosas, debe ser por mi orgullo. Igual creo que no era para tanto, creo que igual le pusiste color. Como siempre. Eres el más picado de la historia. A mí me gusta imaginar cosas, y obvio que lo haré con lo “nuestro”. Ya me conoces, no deberías taimarte. Ahora, si no me toleras así, estamos en problemas.

Me meto al Internet. Ya es costumbre entrar altiro a Facebook, creo que es hasta un poco enfermizo, más si lo dejaste como pagina inicial. Todos los días lo mismo, ver fotos, comentarios, me gustan, no me gustan, las biografías, las portadas, los pelambres, las maracas, etc, etc. La vida misma, pero de mentira. Todos aparentando cosas, amigos que no son tus amigos. Debería cerrar mi cuenta. Lo he hecho 6 veces ya. Creo que el bichito ya está en mí. No me lo podré sacar nunca en la vida. Pronto tendremos una aplicación Facebook en nuestras cabezas.

Veo tu perfil. Ninguna actualización. Tengo una solicitud de amistad. Mish. Seguro debe ser un tipo de Afganistán, o de Egipto, típico que te agrega gente con nombres raros que no sabes si existe o no. Es el Demetrio. El niño que estuvo viviendo en mi casa para el terremoto. Lo aceptaré. Mmm. Si lo hago de seguro voy a tener otra discusión contigo. Mmm. No tengo por qué no agregarlo. Nunca pasó nada con él. Ay, qué imbécil todo. Tanta importancia que le damos a esta lesera del Facebook. Que si me eliminan me enojo, que si no me aceptan me pico, que si me agregan me hago la importante, si me bloquean, ídem. Insisto, debería cerrar mi cuenta.

Hago click en aceptar. Inmediatamente veo su perfil y sus fotos. Hago ese clásico ejercicio de sacarle el rollo a la gente por ver unas cuantas actualizaciones y unas tantas fotos. Igual es súper fome el Facebook de Demetrio. Canciones típicas de grupos típicos, fotos con botellas de cerveza en la mano, le gustan Los Simpsons, le gusta Pamela Anderson, ¿no será muy de los ’90 ella? ¡Ah no! Es que no podís. Donde dice Citas favoritas, Demetrio puso: “en un lugar con música donde podamos conversar”. No hay cosa que me de más risa que la gente que pone eso en vez de una frase famosa.

Cierro el Facebook. Cierro los ojos. Muevo mi cuello suavemente, tengo un dolor jevi. Me duele un poco. Quisiera un masaje tuyo. Hace mucho calor. Me comería un helado. Si compráramos sería uno de agua para mí, uno de leche para ti. Que tonto es discutir.

lunes, 29 de abril de 2013

Capítulo 53: Plan Anti-aburrimiento




Me saco la pintura de las uñas, mientras tú lees un libro sobre el arte milenario de leer las manos.

-según este libro yo tendría que ser abogado o algo así-
-¿por qué?-
-porque tengo una línea acá en el dedo que dice eso-
-mmmm, ¿no será una mugre?-
-nopo, si sale un dibujo en el libro y es igual a la de mi dedo-
-pero qué onda, ¿dice algo así como “si tienes una raya en el ollúo vas a ser abogado”?-
-sí, precisamente-
-mish, de dónde sacaste ese libro oye-
-me lo compré en la feria el otro día-
-oh, cuándo fuiste sin mí-
-el sábado, fui con mi mamá-
-pa qué invitai-
-ay, se me fue-
-se te fue invitarme a mi panorama favorito: las ferias libres, buena onda-
-ya, picota-
-cuando vivamos juntos eso no va a pasar, iremos juntos a la feria y compraremos puros cachureos para nuestra casa-
-vamos a tener pura basura si vivimos juntos-
-dalo por hecho-

Hay pintura en mis uñas que no puedo sacar. Siempre me dejo la cagá. No aguanto mucho rato con las uñas tan de leidi.

-mira, y tú no me dices nada- digo señalándote el horror en mis uñas.
-me gustan así, tú sabes-
-menso, deberías fomentarme la femineidad-
-no sé yo, encuentro que tienen onda tus manos así-
-te gusta que no me ponga maquillaje, te gusta que ande chascona, te gusta mi rollo en la guata, eres el peor pololo-
-soy el mejor, en verdad, cualquier pololo te reclamaría por eso-
-sí, en verdad eres el mejor, me dejas ser como soy-
-sí, pero igual las axilas pelúas en mujeres son feas-
-ah, nopo, si vas a ser tolerante debes serlo completamente-
-pero nopo, son lindas las axilas de las mujeres-
-no sé na yo-
-así como axila de lady gaga, le comería las axilas enteras a ella-
-debe tener un pene bajo el ala-
-jjajajaa, idiota-
-te acordai una vez que me pasaste la lengua por la axila?-
-obvio, fue hermoso-
-que asco, ¿tenía sabor a desodorante?-
-nopo, acuérdate que venías saliendo de la ducha-
-deberías hacer la prueba del amor y chuparme una axila después de correr una maratón-
-rico, saladita-
-wacalaaaaaaaaa-

Dejas el libro a un lado, te acuestas y miras el techo. Me pongo sobre ti.

-estaba pensando un plan anti-aburrimiento-
-expláyate-
-cuando hablamos de ir a vivir juntos, no te vi muy convencido-
-pero si estábamos suponiendo nomás, no estábamos tomando una decisión-
-pero igual, es como un semi-plan a futuro-
-sí, pero no sabemos cuánto falta para eso, de hecho, creo que harto-
-ya, pero filo, el plan igual se puede adaptar para ahora-
-y de qué trata-
-es un manual para que no te aburras de mí-
-que eres mensa, por qué piensas que me voy a aburrir de ti, si eres la niña más divertida de la historia-
-bueno, quizás allá afuera hay otra niña más divertida que yo, y como te enamorarás, te aburrirás de mí-
-ay, pero eso es perseguirse por algo que nadie sabe si va a pasar-
-pero puede ser-
-ya, que fome el tema, de verdad-
-no, pero mira…-
-no, no quiero saber ni tu plan ni nada-
-no, pero si es…-
-dije que no, no me interesa- te volteaste hacia la pared.
-que taimado-
-no es eso, pero ya es mucho esto de planificar las cosas, antes dejábamos que las cosas pasaran nomás, vivir el presente-
-obvio que lo hacemos, sólo era una lista de esas que me gustan hacer-
-fome tu lista, mejor abrázame-
-no, que lata, me voy-

Me paré, tomé mi bolso, te miré por si te parabas a detenerme, nada. Abrí la puerta de tu pieza, salí y di un portazo (en verdad no fue tan portazo). Bajo las escalas. No me ve nadie, salgo de tu casa. Camino por la vereda, un gato me queda mirando al pasar. Reviso el celular en mi bolso por si me mandaste un mensaje. Nada. Lo vuelvo a guardar. Veo el papel con mi lista. Lo arrugo y lo boto. Sigo caminando. Me detengo, vuelvo hacia el papel. Lo recojo.

-es material útil el que contiene esta lista- pienso. Lo guardo en el bolso y sigo mi camino. Hay unas escasas nubes en el cielo. Una tiene forma de rinoceronte. Te hubiera gustado verla. Estúpidas listas, estúpidos planes.

jueves, 28 de febrero de 2013

Capítulo 52: Cine porno


Caminamos por unas galerías en el centro. Me abrazas de la cintura y tarareamos una canción de Axé Bahía. Aprovecho un reflejo en la vitrina para mirarme. Me arreglo el pelo. Te das cuenta y te ríes.

-qué te pasa-
-tan vanidosa mujer-
-no es de vanidosa, estoy toda chascona y no me dices nada-
-pero si me gustay así-
-la típica excusa-
-no es excusa, es verdad-

Seguimos caminando, no anda mucha gente. Debe ser porque es domingo. Hay un cine para adultos. Leemos los títulos y nos reímos.

-“Nalgas Suculentas 2” esa me tinca- te digo.
-pero no hemos visto la primera parte-
-es cierto, estaríamos medios colgados con la trama-
-a lo mejor en la 1 muere alguien, o pasa algo que en la segunda parte es muy importante-
-claro, a lo mejor en la segunda parte el negro que se lo mete a la rubia es realmente su hermano, por ende tiene toda una carga dramática que al no saber ese dato no tiene sentido-
-exacto, tendremos que verla en Internet-
-hablando en serio, me gustaría venir al Cine porno-
-¿en serio?-
-sipos, pero contigo po, nica vengo sola-
-ah, nopo, esa es la idea-
-qué sucederá dentro?-
-no sé, igual me da miedo un poco-
-sí, a mí también, pero me intriga-
-nos sentamos en la fila más cercana a la salida, por cualquier cosa-
-jajajaa, que erís mamita ¿habrán 3D?-
-existen pero no creo que en este cine-
-¿cómo serán?-
-no quiero ni pensar lo que sale de la pantalla-
-yo ya lo pensé-
-¿vengamos un día?-
-sí-
-ya-
-pero compremos cabritas y bebidas-
-jajajajaj ya y gritamos en las partes en las partes de acción-
-en las partes explícitas-
-y en las partes emotivas, lloramos-
-no creo que hayan-
-cierto-
-ojalá haya bukkake-
-¿sabes lo que significa?-
-sipo-
-amm-
-que me tenís poca fe-
-no, no era eso-

Seguimos caminando, debes estar preguntándote de donde conozco ese término. Tu mente debe estar ideando las teorías más extrañas de la vida.

-tú me lo explicaste, gil-
-ah no me acordaba jajaj-
-qué te estabai imaginando-
-nada en verdad-
-te desconcentraron las pechugas gigantes del poster parece-
-debe haber sido eso-
-por puro que yo no tengo-
-buuuuu-
-ahora va a decir “me gustan tus pechugas chicas, tal cual” para intentar justificar lo injustificable-
-no iba a decir nada-
-ah ya-
-igual me gustan-
-ya cállate-

Caminamos hacia un carro de helados. El mismo antojo a la misma hora.

martes, 26 de febrero de 2013

Capítulo 51: Tus manías de memoria.



Te abrazo y te muerdo el cuello. Tu cuello es muy bonito. Es largo y suave. Me acuerdo de la canción de Calle 13, esa de la jirafa o algo así. Metes tus dedos en mi pelo y me haces un masaje rico por encima. Te doy besitos por el cuello hasta la clavícula.

-estaba pensando en lo que hablamos el otro día- dijiste con una seriedad que no produjo mucha tranquilidad.
-¿qué cosa?- pregunté, haciéndome la lesa.
-eso de vivir juntos, del futuro-
-ya, y qué onda-
-pensaba que obvio que me gustaría vivir contigo-
-ya…-
-sería muy bonito compartir las mañanas contigo, tal como lo hacemos ahora pero siempre-
-sipos, sería como ahora, sólo que sin más gente que tú y yo-
-¿tú crees que resultaría?-
-sipo, o sea, me sé tus manías de memoria, tus mañas-
-y yo las tuyas-
-sé que no te gusta levantarte temprano los domingos, que te gusta ver películas repetidas, que un queso con orilla te desespera, que no te gusta cuando se cae una miga a tu taza de té, que te dan miedo los insectos, que no te gusta que te hagan cosquillas, que tus peos son hediondos, que te gusta escuchar música bien fuerte, o despacito cuando estamos quedándonos dormidos-
-tus peos son más hediondos-
-estai loco, no te has sentido los tuyos-
-igual te faltaron cosas-
-como qué, a ver-
-no sé, yo creo que igual uno nunca termina de conocer a las personas-
-esa es la gracia igual, quiero seguir conociéndote día tras día-
-eso es una canción de Supernova-
-puta que era buena-
-el video era como de carretera-
-sí, como el de los Red Hot-
-sí, pero pobre-
-oye, ¿te gustaría tener hijos?-
-sí-
-amm-
-¿a ti?
-no mucho-
-pero todas las mujeres quieren tener hijos alguna vez-
-bueno, yo no-
-y por qué-
-no sé, le tengo un poco de miedo a las guaguas-
-en todo caso, yo igual pero a los cabros chicos-
-hay unos insoportables-
-sí-
-y si fuera mi decisión no tener hijos, ¿sería una razón para terminar conmigo?-
-ah nopo, estai loca-
-no sé po, te pregunto-
-no, no creo-
-¿no o no creo?-
-no-
-ah ya-

Sonreímos y miramos el techo. Pones tu mano en mis costillas, te gusta esa zona me he dado cuenta. Hay silencio, creo que ambos reflexionamos sobre las leseras que estamos hablando, pensando en un posible futuro juntos. Es cuático pensar eso. Es cuático proyectarse, pero me pasa contigo, ahora y desde siempre.

miércoles, 2 de enero de 2013

Capítulo 50: Vocabulario Sucio


Estamos sentados en una banca, comemos galletas Frac, esas de envase rojo. Siempre las confundo cuando compro, nunca sé si son clásicas, o de chocolate, sólo cuando las pido digo “me da esas del envase rojo”.

-en qué prefieres vivir, un departamento o una casa- te pregunté poniendo mis piernas sobre tus muslos.
-en una casa-
-chocale-
-me imagino que en los departamentos se escuchan todas las intimidades de los vecinos-
-te imaginai, se deben escuchar hasta los peos-
-hasta cuando caen las caquitas en el agua-
-hasta cuando tienen un orgasm….- me tapaste la boca.
-cállate mensa, viste que hay unas señoras en la banca del lado- me dijiste susurrándome-
-que le day color, si era un orgasmo nomás- te dije bajándole un poco el volumen a la voz-
-que te apuesto que me puse rojo-
-sí, wajajaja-
-viste-
-menos mal que no dije lo que pensé-
-¿qué era?-
-no te lo diré porque hay señoras cerca-
-yapo dime, pero bajito-
-no, fuerte o nada-
-volumen normal-
-ya, que en los departamentos se debe escuchar hasta las nalgadas que les dan los hombres a sus esposas cuando se lo meten en cuatr…- me tapaste la boca rápidamente y no aguantamos la risa, pero me logré zafar y seguí con mis frases, sólo para incomodarte, me encanta hacer eso.

-o se debe escuchar cuando las esposas le dicen a sus hombres “dame tu lech…”- volviste a taparme la boca. Ya no dábamos más con las carcajadas, de esas que te empieza a doler la guata. Una señora nos mira, no sé si es por que nos reímos fuerte o por las tonteras que hablo.

-ya, córtala, estoy que lloro de la risa- me rogaste.
-wajajjajaja idiota-
-eres muy mensa tú-
-y tú tan lindo-
-de dónde sacai tantas leseras oye-
-te estaba impresionando con mi vocabulario sucio, igual tengo más-
-cuando lleguemos a mi casa, quiero que me las digas ¿ya?-
-¿y por qué no ahora?-
-me estás respondiendo con una pregunta-
-jajajajaja imbécil-
-tu palabra favorita-
-sí, acostúmbrate-
-me cuesta-
-igual eres mi imbécil favorito-

Te reíste, a veces sacas una sonrisa tan risueña. Yo creo que tienes un lado coqueto que no asimilas. Las niñas te miran harto en la calle y tú siempre dices que nadie lo hace. Nunca cachai las indirectas de las mujeres, las mías con suerte.

-me dio calor tanta risa-
-oye ¿te irías a vivir conmigo?-
-¿a tu casa?-
-nopo, a nuestra casa, o sea tener una casa los dos- me miras, observas tu alrededor, eso es síntoma de duda en ti. Quizás mi pregunta es muy directa, es muy apresurada. Me empiezo a arrepentir.
-¿así como adultos?-
-te lo digo como juego nomás porsiaca, no te pasí rollos- te aclaro, sacándome los pillos.
-no me paso rollos-

Sigues pensando, yo sé que le tienes temor a la adultez, a madurar, y vivir solos sería asumir que ya no somos cabros chicos. Igual admito que me encantaría vivir contigo y verte todas las mañanas.

-te imaginai nos fuéramos a vivir juntos y no fuera lo que pensamos y termináramos por culpa de eso- dices sin mirarme.
-pero no tiene por qué ser así-
-eso he escuchado que le pasa a muchas parejas-
-sí, pero no somos como las otras parejas-
-sí sé, aunque…-
-por lo menos, siempre te llenas la boca con eso de que somos únicos-
-¿estai enojada?- lo dices por mi apresurada forma de hablar, creo que me piqué.
-no, cómo voy a estar enojada-
-mensa, sólo estoy suponiendo-
-ya, hablemos otra cosa mejor-
-pero…-
-y no me digai mensa, no me gusta-
-bueno-

Guardamos silencio, el más incómodo que he visto pasar en semanas, quizás meses. Un niño se come un helado de chocolate en barquillo, ojalá se le cayera ahora mismo. Sería hermoso. Me carga la palabra “ojala”. Prefiero la palabra “espero”. Espero que ese helado se le venga abajo y se ponga a llorar.

Te miro, me miras. Me quieres dar un beso, me muevo sutilmente. Me besas la oreja. Escucho un niño llorar, ambos miramos. Se le cayó el helado al niño que miraba. Justo lo que estaba deseando. Me da risa y miedo. Quizás tengo el poder de desear cosas y que se cumplan.

-espero que vivamos por siempre juntos- eso pienso en mi cabeza. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Capítulo 49: El Primer Ermitaño Casado


Siento el sonido de tu alarma, me despierto. Busco tu celular, te despiertas también. Ambos buscamos tu teléfono con ojos entrecerrados. El sol entra por la ventana.

-dónde estás, maldito hijo del demonio- dices con tu tierna voz de recién despertada.
-te dije que lo dejaras encima del velador-

Encuentras el celular bajo la almohada. Detienes la alarma.

-porfa, ponle apagar, porque si no va a sonar de nuevo-
-ay, si me tengo que levantar en 5 minutos- me dices acurrucándote en mi hombro-
-pero por último 10 minutos-
-cállate y aprovéchame-
-en qué sentido, si se puede saber-
-en el que quieras-
-¿ah sí?-
-sí- te das vuelta hacia la pared.

Te abrazo la cintura y te beso en la nuca suavemente. Haces un movimiento de cabeza que yo siempre he interpretado como un “me gusta eso que haces”. Creo no equivocarme. Luego, acaricio tu pelo. Tengo una extraña obsesión con él. Siempre que lo hago te empiezas a quejar de que está feo. O también si te toco la panza, me dices que estás gorda  y así, para todo tienes un comentario.

-está horrible mi pelo- dices y me das la razón.
-déjate de decir eso-
-me relaja cuando me tocas el pelo, me acuerdo cuando era chica, mi mamá me hacía cariños en la cabeza y yo me quedaba dormida-
-y ahora yo te hago cariños-
-jajaja, claro, oye tengo una pregunta-
-decime che-
-¿cómo eras tú cuando chico?-
-¿y eso por qué?-
-¿algún día me vas a contestar sin otra pregunta?-
-¿lo hago mucho?-
-de nuevo-
-jajajaj, pucha, lo hago sin querer-
-responde y abrázame fuerte-

Te abrazo bien fuerte con mis brazos y me pongo a pensar cómo era yo en mi infancia. Siempre que me preguntan algo directamente me entra la desesperación por tener una respuesta rápida y clara, pero me pasa todo lo contrario y me cuesta ordenar los pensamientos, me enredo y no sé qué responder. Eso me sucede ahora.

-mmmm, cómo era cuando chico-

Sonó nuevamente tu alarma. Te levantaste. Yo me quedé donde mismo.

-ya, me tengo que ir, te salvó la campana-
-nopo, no te vayas-
-entonces, cuéntame pos- dices subiéndote sobre mí.
-no me acuerdo mucho, sólo recuerdo que me escondía debajo de las mesas-
-¿siempre?-
-sí, cuando íbamos a casas de familiares me escondía toda la tarde debajo de la mesa, y mi mamá me daba panes con mermelada de mora-
-que ricooo-
-sí, o galletas de soda, pero no me gustaban mucho porque se me rompían y siempre se caía la mitad-
-jajajaja, que tierno-
-que tonto en verdad-
-entonces de chico que no te gustan las reuniones sociales-
-ahora que lo pienso, sí-
-tendrías que hacerte una regresión para ver qué te pasó, quizás no te acuerdas de algo, o quizás en otra vida fuiste un ermitaño-
-es cierto, igual me gustaría ser un ermitaño-
-pero los ermitaños viven solos-
-es que sería el primer ermitaño casado-
-y sin hijos-
-exacto, sin hijos-
-tener hijos sólo en las conversaciones-
-¡que canción más buena!-
-quiero escribir canciones-
-yo no, porque cada vez que lo he intentado terminan siendo súper emo-
-es que tú eres emo-
-sí, un poco sí-
-oye-
-qué-
-si yo hubiera sido tu polola cuando eras chico, te hubiera acompañado a comer pan con mermelada debajo de las mesas-
-eso me hubiera hecho muy feliz-
-te hubiera dado un besito en la mejilla eso sí-
-sipo, a los 5 años es un poco precoz darse besos con lengua como los que me das ahora-
-jajajajaj-
-sin ponerse roja-
-no me pongo roja, hace calor-
-eres más linda que un oso panda en extinción-
-y tú más lindo que un ornitorrinco-

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Capítulo 48: Estira el dedo chico.


Estamos tirados en el pasto de la plaza cercana a mi casa. Miramos las pocas estrellas que deja ver la noche en la capital. Se entrelazan los dedos de nuestras manos sobre el pasto.

-tengo hambre- destruyes el silencio que había durado unos largos minutos.
-¿hambre de besos?-
-no, de completos-
-que rico, yo igual quiero-
-copión-
-na’ de copión, si sabes que son mis favoritos-
-te has dado cuenta que siempre que pedimos algo pa’ tomar o comer pides lo mismo que yo-
-mmmm, no, na’ que ver-
-el otro día en la tocata, yo pedí una cerveza y tú también, después en el kiosko yo quería un maní y tú también, ahora yo quiero un completo y tú también-
-ay, pero si cerveza es lo único que tomo, cuando pediste el maní me antojé también, y los completos son mis favoritos, tu teoría es inválida-
-no, pero siempre esperas a que yo pida, y si por ejemplo yo no como nada, tú tampoco-
-mmmm, no sé ah-
-así es la cosa-
-bueno, si es así, es inconsciente en todo caso-
-ya parémonos mejor, tengo cualquier hambre-

Te paraste, te sacudiste el pasto de tu polera. Me miraste, me levanté rápidamente. Una niña pasa en un skate. Pienso que no sé patinar y que esa niña mucho menor que yo tiene más destreza de la que yo podría llegar a tener.

-te desafío- me dijiste mientras caminábamos al carro de completo más cercano.
-¿a andar en skate?, ni cagando-
-estay loco, la última vez me saqué la crestita por dármelas de Chico Jano-
-wajajajaj, ese programa, Ciudad Cuática era chistoso igual-
-¡me cargaban esas zapatillas que regalaban!-
-eran feitas-
-todas las cosas de deportistas son feitas-
-yapo, te desafío-
-a qué po-
-a comer uno de esos completos de 40 centímetros-
-uuuh, ¿estai segura?-
-más que segura-
-pero si cuando comemos pizza siempre me termino comiendo tus pedazos, cómo pretendes ganar-
-ya pero es distinto, no estamos hablando de pizzas-
-mensa, es comida, te vay a llenar antes de tiempo igual-
-no-
-si comiéramos uvas y nos repartiéramos un racimo, terminarías diciendo “ay, no puedo más, comételas tú”-dije con voz burlona-
-dos cosas: primero, no me hagas burla; segundo, yo no hablo así-
-“no me hagas burla, yo no hablo así”- repetí con la misma voz de desquiciado-
-ok, contigo no se puede hablar-
-¡ya te picaste!-
-yo no me pico-
-si, claro-
-ya mira, menos palabrita y más acción, te apuesto a que yo me como ese completo primero que tú, el que pierda tiene que cantarle al otro una canción de Arjona en el metro, cuando esté lleno de gente.
-oye bonita, vas a perder, ¿estai segura?-
-cállate y estira tu dedo chico, es un trato ¿sí o no?-

Lentamente, estiré mi dedo para cruzarlo con el tuyo. Ese gesto simbólico es un pacto de sangre, el que lo quiebra será enviado al mismísimo infierno a pagar las penas más horribles que uno pudiera imaginar. Cruzamos los dedos, me miraste a los ojos fijamente. Me impresionó tu confianza. Tenías una leve sonrisa en tu boca, creo que hasta me aterroricé un poco. De pronto, me bajó la desconfianza y me empecé a imaginar qué canción elegiría para cantarte, ya me veía perdiendo frente a ti. Creo que tu trabajo mental sobre mí estaba haciendo efecto.

-deja de hacer eso-
-qué cosa-
-de trabajarme la mente con tu seguridad fingida-
-no estoy fingiendo nada-
-pero sí eres mala para comer…-
-hola, queremos dos de esos completos de 40 centímetros- me interrumpiste para darle nuestro pedido a la señora que atiende.
-¿para servir o para llevar?- preguntó amablemente la señora que tiene cara de Teresa, no sé por qué.
-la señora tiene pinta de llamarse Teresa- me susurraste al oído.
-lo mismo estaba pensando- te susurré de vuelta.
-¡qué magico el amor!-
-wajajajaj, cállate idiota-
-¡somos el uno para el otro! Te amo, mi cielo azul- dijiste con un volumen de voz alto para que ojalá todos alrededor escucharan.
-ya, córtala-
-te pusiste rojo-
-siempre me pongo rojo-
-rojo te vas a poner cuando me termine el completo antes que tú-
-sí, claro-
-mira, ahí vienen los nuestros-

La señora con cara de Teresa nos hace entrega de unos completos ridículamente gigantes, de verlos ya me dan ganas de vomitar y explotar.

-me da 2 fanta por favor- le dices a la señora. Me miras.
-sin enguatarse con bebida-
-tú concéntrate en qué canción me vas a cantar-
-uy, la ganadora-
-cuando lleguen las bebidas, hacemos un salud y empieza la batalla-

Ambos miramos como la señora con cara de Teresa sacaba dos botellas de Fanta del refrigerador, las destapaba y se dirigía hacia nosotros, todo en cámara lenta. Las botellas estaban húmedas y caían un par de gotas de agua por afuera del envase de vidrio. La señora depositó en el mesón ambas botellas al mismo tiempo. El sonido retumbó en mis oídos. Tomaste tu bebida, yo tomé la mía. Nos preparamos para chocarlas. Sabíamos que ese momento era el pitido inicial para nuestro desafío. Tu Fanta venía en dirección a la mía. De pronto, se estrellaron emitiendo un estallido que parecía un disparo de carreras de caballos. Te miré y tu otra mano ya se aproximaba a tu completo. Todo esto en cámara lenta. Me apresuré a tomar el mío. Con la primera mordida, te atoraste y tosiste dejando escapar un pedazo de pan de tu boca. Nos largamos a reír. Pasa menos de un segundo y ya retomamos nuestra actitud competitiva. No hay tregua en este duelo. Nos podemos querer mucho pero esto es guerra declarada. Uno de los dos perecerá, irremediablemente.